La ruta de la sangre en Madrid

Azis sube las escaleras del autobús de donación de Cruz Roja, situado en la Puerta del Sol. Este año es la primera vez que dona, aunque lleva haciéndolo más de 30. «Lo hago por ayudar a la gente, es algo que se ha convertido ya en una costumbre y que tiene que salir de cada uno. No se puede forzar a nadie», dice, tumbado en la camilla del vehículo mientras una bolsa recolecta 450 mililitros de su sangre que, después, recibirá el Centro de Transfusión de la Comunidad de Madrid (CTCM). Allí se analizará y se fraccionará para obtener glóbulos rojos, plasma y plaquetas que se distribuirán a los hospitales –tanto públicos como privados, en total 68– de la región.

A su lado, Eva presta su brazo a una enfermera para que repita con ella el proceso. «No cuesta nada ayudar. Aunque se diga que España es un país muy solidario, en cuanto a las donaciones parece que todavía hay reticencias», dice la mujer, que lleva más de 15 años brindando su sangre a los demás. La enfermera advierte: «Nada de fumar en dos horas, ni beber alcohol o soportar mucho peso en este brazo. Sudar está prohibido hasta mañana».

La tarea parece sencilla, pero no lo es. La ruta de la sangre en Madrid forma un complejo mecanismo de engranajes en el que nada puede fallar. Basándose en datos históricos, desde el CTCM estiman la cantidad anual de sangre necesaria para la Comunidad. Después, se hace una planificación para cada punto de donación. Una vez que se marcan los objetivos generales, se hacen los mensuales. En este caso, Cruz Roja realiza su propia planificación cada 30 días, que luego el CTCM verifica que sea correcta y adecuada.

El dispositivo no termina aquí. Alguien debe trasladar este líquido rojo. Para ello, el Centro de Transfusión trabaja, a su vez, con una empresa que se dedica al transporte de la sangre. Dos veces al día (mediodía y noche), lleva la sangre al Centro, de donde la recoge ya fraccionada en componentes, lista para ser transfundida, y la porta de nuevo a los hospitales en función de la necesidad de consumo de cada uno.

El Centro de Transfusión coordina toda la maquinaria y tiene, desde 2013, la competencia hospitalaria; Cruz Roja, por su parte, se encarga de lo extrahospitalario. En total, entre el Centro de Transfusión, los hospitales y los autobuses de Cruz Roja existen en la región 46 puntos de recolecta que deben estar perfectamente coordinados para mantener la autosuficiencia sanguínea que ya hay en la Comunidad: un equilibrio perfecto entre las entradas y salidas de sangre, el mantenimiento del «stock» y la no caducidad de las propiedades.

Caducidad

«No podemos extraer más de lo que se necesita, porque caducaría. Al mismo tiempo, se deben mantener las existencias de sangre para conservar el nivel de seguridad, que ahora mismo está en torno a 5.000 bolsas», dice Luisa Barea, gerente del CTCM. Se refiere a la «vida útil» de los componentes. Los glóbulos aguantan 42 días almacenados a cuatro grados: el plasma, hasta tres años si se congela a 40 bajo cero, y las plaquetas, solo cinco días a 22 grados.

Madrid sufre fluctuaciones estacionales, tanto en la donación como en la demanda y transfusión de componentes sanguíneos. Por ejemplo, en verano las donaciones descienden un 30%. Asimismo, también caen las peticiones de glóbulos rojos un 10%, ya que se hacen menos intervenciones programadas. «Esto lo solventamos porque en el periodo prevacacional hacemos maratones de recogida y, con eso, conseguimos una entrada suplementaria de sangre. Engordamos las reservas para poder mantener el suministro todo el verano», explica Barea. En Cruz Roja las acciones de captación también se modifican. «El calor penaliza y la gente dona menos, por eso tenemos que cambiar de sitio los autobuses. Por ejemplo, vamos hacia los pueblos de la sierra, donde suele haber gente veraneando», cuenta Iñaki Aguirre, director gerente de la unidad de donación de sangre de Cruz Roja. Sus autobuses recogen el 47% de las donaciones de la región.

Por encima de la media

A pesar de esto, Madrid se encuentra por encima de la media anual española de donantes por cada 1.000 habitantes. Según los datos de la Federación, la cifra se sitúa en 37,8 mientras que la nacional se queda en 36,3. Esto pone a la Comunidad de Madrid en el puesto número siete del «ranking» de comunidades autónomas, liderado por Extremadura (44,2%) y Castilla y León (43,32%). En este sentido, según datos facilitados por el Centro de Transfusión, el total de donaciones de 2018 en la Comunidad de Madrid fue de 241.682.

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