La revolución bielorrusa y el Kremlin

Bielorrusia (o, más correctamente, Belarús) ya es otra. El bastión del inmovilismo postsoviético, el país que parecía alérgico al cambio, ha despertado por fin. A pesar de la brutalidad de la represión, una cantidad inédita de gente se ha echado a las calles de todo el país para decir basta. Las protestas además son socialmente transversales y llegan a las fábricas y al campo, más allá de las élites urbanas. No son las primeras manifestaciones de descontento, pero sí las primeras de esta magnitud y profundidad. En los últimos años varias señales sugerían un malestar creciente e indicaban que, pese a su fama de conformista, la sociedad bielorrusa quería cambios.

Seguir leyendo

Lee más: elpais.com


Comparte con sus amigos!