La rebelión de las jóvenes promesas de la banca de inversión | Mercados

Liderazgo, tolerancia a la frustración, gestión del estrés, alto rendimiento, trabajo bajo presión y por logros son conceptos habituales para los nuevos empleados que recalan en las firmas auditoras, consultoras, despachos de abogados o en la banca de inversión. En el otro lado de la balanza, contratos indefinidos y sueldos de inicio de 30.000 euros anuales más la promesa de un bono que oscilará dependiendo de la bonanza del año.

Así ha sido siempre. Sin embargo, en marzo de este año un grupo empleados del banco estadounidense Goldman Sachs pedía no superar las 80 horas semanales de trabajo y tener, al menos, el sábado libre. Un mes después, y ya en tierras españolas, los jóvenes trabajadores de la consultora EY enviaban a sus jefes una misiva calificando de insostenibles las largas jornadas de trabajo, que superaban las 80 horas semanales y llegaban a abarcar todos los días de la semana.

Mila Pérez González, profesora de Deusto Business School, explica que “en el sector de la auditoría existe un pico anual de trabajo entre noviembre y febrero por la naturaleza del negocio, mientras que en el caso de la banca de inversión es más continuo, ya que el sistema empuja a dedicar este tiempo de trabajo de 12 o 15 horas diarias porque se orienta a estar al servicio del cliente, y todo además en un mercado internacional”. Y sentencia: “Bajo el dominio del cliente, es difícil reducir la jornada laboral”.

Pero las quejas de estos jóvenes empleados de élite ya están provocando reacciones en estos sectores tan competitivos. Esta semana, el banco suizo UBS proponía un pago fijo de 40.000 dólares para los empleados más jóvenes agobiados por el aumento de la carga de trabajo. La medida buscaba también evitar deserciones de los recién ascendidos, para los que esta cantidad supone un 30% de su salario medio. JP Morgan Chase también anunciaba la contratación de 200 nuevos empleados para suavizar los agobios de sus trabajadores y HSBC se está moviendo para elevar los sueldos y acortar el camino hacia la promoción, según informa Bloomberg.

Rafael Sarandeses, socio de la firma de cazatalentos Talengo –también excampeón de España de Fórmula 3 y antiguo banquero de inversión–, apunta que este descontento de los trabajadores jóvenes está en la mesa de todos los consejeros delegados de bancos de inversión, auditoras o despachos de abogados de postín. Compara a estos profesionales con los deportistas de élite.
En su opinión, “se ha producido una desconexión entre lo que esperan los sénior de la compañía y lo que los júnior demandan, con peticiones más allá de lo puramente salarial”.

Para Sarandeses, existe un problema generacional, donde los jóvenes quieren un mayor equilibrio entre su vida personal y profesional, aunque son estos sectores y estos trabajos los únicos que ofrecen sueldos y posibilidades de promoción tan espectaculares. Fuentes consultadas apuntan a salarios por encima de los 100.000 euros anuales más bonus después de cuatro años trabajando.

Mila Pérez González también señala la cuestión generacional como motivo de las denuncias. “El cambio puede venir empujado por las nuevas generaciones. La generación Z que está saliendo de las aulas es muy diferente en inquietudes y expectativas laborales de los mileniales. Pero no va a ser un cambio a corto plazo; de hecho, creo que se mantendrá la situación como está”, concluye.

La pandemia del Covid-19 ha sido un elemento que ha acelerado el descontento de los empleados jóvenes de estas firmas. “Ha habido un desenganche emocional mayor provocado por el teletrabajo. Los empleados perciben una mayor sensación de control y seguramente hayan soportado una mayor carga de trabajo con una disponibilidad durante todo el día. Y muchas compañías nos consultan para volver a construir esa relación con la empresa”, asegura el socio de Talengo. La profesora de Deusto Business School ve novedades en el teletrabajo, impuesto por la pandemia y que ha calado en la relación laboral. “Con el teletrabajo cambiará el cómo, pero el tiempo de trabajo se mantendrá”, añade.

Juan Con Estrés

Se podría llamar Juan Sin Miedo, pero el temor a represalias de su empresa, lleva a este joven banquero de inversión de una entidad extranjera afincada en España a preferir el anonimato para relatar su vida laboral. Explica que la selección del personal es clave. “Se valoran mucho los conocimientos técnicos y suelen escogernos entre universidades o másteres que ya incluyan esas habilidades, por ejemplo, en valoración de empresas o en la utilización de derivados financieros. Eligen a los de mejores calificaciones, que demuestren en la entrevista presencial que son ambiciosos, y una de las claves es ser una persona muy responsable, a la que le guste hacer bien las cosas y se comprometa a que el trabajo salga”, cuenta.

Juan tiene un salario superior al de sus amigos de su misma edad que están en otras actividades y además es indefinido desde el primer momento. Ese sueldo fijo –suele rondar los 30.000 o 40.000 euros– se completa con un bono del 70% al 80% del salario en un año bueno, del 40% al 50% en un año normal y del 20% en un año malo. “Estos porcentajes han bajado frente a los que se conseguían antes de la crisis financiera de 2007, cuando el bonus podía llegar al 150% del salario”, comenta.

Nuestro Juan explica que en su trabajo todo son picos. “Son operaciones que implican confidencialidad y eso exige rapidez para que la información no se filtre cuando, por ejemplo, estás intentando vender una empresa de un cliente”. Su ritmo de vida está marcado por los mensajes que recibe de sus jefes en el ordenador o el móvil, que pueden llegar en cualquier momento. “Mi hora habitual de salida del trabajo es la una de la madrugada, aunque es frecuente quedarse hasta las tres. Lo de no dormir en todo un día me ha ocurrido solo un par de veces”. Y las vacaciones y días festivos siempre estarán en función de las necesidades del cliente. “Si las pierdes, lo normal es que no las recuperes”, afirma.

“Mis condiciones son duras y muy exigentes, pero también hay muchos trabajadores con empleos muy sacrificados y que además perciben un mal salario”, reconoce Juan, consciente de que la banca, para quienes perseveran y resisten, puede ser una jaula. Muchas veces, de oro.

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