La Premier no traga con el VAR

Ningún otro país había acogido el VAR con tanto escepticismo como Inglaterra, donde han bastado tres meses de competición para que se destape la caja de los truenos. El pasado fin de semana, una mano dentro del área de Dele Alli en el Everton-Tottenham obligó a detener el juego más de la cuenta hasta que el árbitro decretó que no había penalti. La grada de Goodison Park estalló en un clamor. Un día antes, se le anulaba un gol a Roberto Firmino en el Aston Villa-Liverpool que también generaba una fuerte controversia. En las imágenes se apreciaba, aparentemente con claridad, que el delantero brasileño de los «reds» estaba en línea con el defensor. Pero la tecnología decía lo contrario. El perfil oficial de la Premier llegó a publicar un tuit con una imagen que se afanaba en demostrar que la axila de Firmino estaba ligeramente más adelantada que la rodilla de su rival. «El problema es que a los clubes y a los aficionados les habían explicado que el VAR se iba a utilizar para jugadas muy concretas, donde quedara claro que el árbitro había cometido un error flagrante», explica a ABC el recién retirado Carlos Cuéllar, buen conocedor del fútbol inglés tras defender los intereses durante seis temporadas de Aston Villa, Sunderland y Norwich. «A la hora de la verdad, está entrando en situaciones complejas, analizando al dedillo jugadas donde cabe cierta interpretación. Por ahí no pasan». Hinchas enfadados El VAR se estrenó oficialmente en el Mundial de clubes de 2016 y poco a poco se ha ido implantando en todas las competiciones. En todos los casos ha habido críticas, pero no tan virulentas como en Inglaterra. La Premier se resistió hasta noviembre de 2018, cuando por fin aprobó la aplicación del VAR a partir de esta temporada. «La Premier es una competición que siempre está pendiente de la opinión de sus aficionados», insiste Cuéllar. No les importa aplazar un partido si una avería de tren o una nevada impide llegar a los hinchas al estadio. Por eso hubo tanta cautela. Allí les va el fútbol clásico y no entienden que haya que parar un partido para revisar una jugada. Va en contra del espectáculo y distorsiona la competición». De hecho, la recomendación en Inglaterra es que los árbitros no acudan al monitor a revisar las jugadas, lo que provoca interminables minutos sobre el césped sin nada de acción y la desesperación de los seguidores, que detectan que ahora los partidos son distintos y que el VAR, lejos de terminar con la polémica, la acrecienta. «El VAR se trajo para ayudar a nuestro fútbol», se lamentaba estos días Jamie Carragher, exdefensa del Liverpool y comentarista estrella de Sky Sports. «Había que darle una oportunidad porque iba a mejorar la labor arbitral y acabar con las controversias, pero lo cierto es que ahora gastamos el triple de tiempo en hablar de polémicas. El VAR no ha hecho su trabajo. Yo no puedo defenderlo más». La de Carragher no es la única voz que se ha alzado contra la tecnología en los últimos días. Cada vez son más, y algunas muy autorizadas. Frank Lampard, entrenador del Chelsea, también se sintió perjudicado la semana pasada por un penalti en contra de su equipo, y fue rotundo al asegurar que la Premier no está preparada para el VAR: «Que a los árbitros les lleve ahora tanto tiempo tomar una decisión significa que hay algo de lo que no están seguros, y eso es pisar un terreno muy peligroso. Es como tirar una moneda al aire cada semana». También Jurgen Klopp, técnico del Liverpool, pidió una reflexión: «Una mala decisión del VAR nos puede costar el puesto de trabajo. Es muy serio». La Premier ha reaccionado rápido. Todas las críticas han servido para que los promotores de la liga inglesa se reúnan con los entrenadores de los clubes en busca de soluciones. Ya se habla de cambiar el VAR. «No me extrañaría que acabaran quitándolo», finaliza Cuéllar. «O al menos, limitándolo al máximo. Se está perdiendo la esencia, la identidad del fútbol inglés». Entre las opciones que se manejan está la de cambiar el sistema actual por otro del tipo «ojo de halcón» parecido al tenis (los entrenadores podrían pedir hasta tres revisiones de jugadas), o rearbitrar únicamente los fueras de juego. Cualquier cosa menos lo de ahora. Tal vez el VAR no haya llegado a la Premier para quedarse. A esta polémica aún le quedan unos cuantos capítulos por escribir.

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