La política agita el fantasma de la «italianización» de la economía española

La constitución del Congreso de los Diputados el pasado martes supuso la consagración de una crispación nunca antes vivida en la Cámara: fue la primera vez que la institucional jornada de inauguración de una legislatura se usaba de atril para el enfrentamiento político. También la primera vez que se daba asiento a presos en los escaños. Fue, en definitiva, la consagración de la «italianización» de la política española. Pero más allá del circo, las incógnitas se abren ahora en torno al impacto que éste tendrá sobre la economía. Habiendo comenzado el contagio político, ¿veremos también el económico?

España mantiene una histórica carrera por adelantar a Italia, competición que, en 2007, justo antes de la crisis, llegó a dar erróneamente por ganada el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Desde entonces, ambos países han vivido diferentes suertes, aunque con debilidades comunes. El crecimiento de Italia en las últimas décadas ha estado siempre por debajo de sus socios europeos y, en particular, de España. De hecho, el ansiado «sorpasso» del PIB per capita en paridad de compra se dio finalmente el año pasado tras encadenar Italia años de estancamiento. Los economistas consultados coinciden en que España ha aprovechado mejor que Italia los años de la crisis, en los que se han hecho más reformas, aunque el arraigo de industria italiana le ha permitido «seguir viviendo de las rentas», en palabras de José Luis Álvarez, profesor de la Universidad de Navarra.

España se hundió con fuerza hasta casi la cola de Europa y tuvo que solicitar ayuda a sus socios europeos para sanear su banca. Nada de eso le ocurrió a Italia, que capeó el temporal por sus propios medios. Precisamente fue esa fortaleza la que sirvió de pretexto al país para no afrontar unas reformas que, sin embargo, España sí emprendió en el mercado laboral y en el sector financiero bajo la batuta del Gobierno Rajoy. La realidad es que Italia lleva décadas estancada y la polarización de la política es mucho mayor que en nuestro país. España, entre tanto, ha vuelto a resurgir más renovada, aunque su sensibilidad a los vaivenes del Parlamento es también mayor.

«Hasta hace unos años había una diferencia básica entre Italia y España. La economía italiana resistía razonablemente bien los avatares políticos, mientras a la española cualquier tormenta política le influía más. Sin embargo en los últimos años ha habido un proceso de convergencia: nuestra economía se ha ido separando de la realidad política mientras que la italiana se ha ido acercado. El problema para España es a corto plazo. Seguimos siendo más frágiles y si la crispación alcanza niveles muy altos acabará afectando. Además, en España las tensiones territoriales han ido en aumento mientras que en Italia la polarización se da más entre el bloque de derecha y el de izquierda», apunta José Ramón Pin, profesor del IESE.

En la misma línea apunta Marcel Jansen, investigador de Fedea, aunque marca las distancias entre la política española y la italiana: «El auge del populismo es en gran medida fruto del aumento de la desigualdad y el miedo por el futuro por las nuevas tecnologías. Es clave atender a estas fuentes de malestar con medidas que fomentan la cohesión social y el crecimiento inclusivo. El riesgo es que se ponga demasiado énfasis en las políticas de reparto sin atender las necesidades de fomentar la capacidad de crecimiento a largo plazo». «En Italia veo más peligros reales. Su gobierno es radicalmente populista y xenófobo, algo inconcebible en España. Sus previsiones de crecimiento han empeorado desde su toma de posesión. En el caso de España no vemos nada semejante aunque tengo poca fe en que la próxima legislatura ofrezca avances significativos en las reformas necesarias», asevera Jansen.

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Así, tras la debilidad italiana confluyen una tóxica combinación de factores técnicos y políticos, aliñados con un creciente sentimiento antieuropeísta que ha hecho las veces de lastre. Aunque Italia es el décimo país del mundo que más exporta, la pérdida de competitividad sufrida en los últimos años ha sido muy fuerte y le ha llevado a mermar su parte de pastel en los mercados mundiales. España, por el contrario, ha logrado ganar competitividad y, aunque exporta mucho menos que Italia (ocupa la décimo novena posición a nivel mundial) en los últimos años ha ganado músculo exportador. El talón de Aquiles común a ambas naciones está en los altos niveles de deuda, aunque con raíces diferentes. En España el fuerte incremento de la deuda se produce en respuesta a la crisis mientras en Italia es heredada de políticas fiscales del pasado y, sobre todo, del estancamiento económico. En términos de déficit, sin embargo, Italia goza de superávit primario mientras España espera alcanzarlo este año por primera vez.

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