La pinza de Sánchez y el Ibex-35 a Rivera… sin perdón

Los primeros espadas del empresariado español están muy enfadados. O eso afirman algunos de ellos… en privado. Bueno, más que enfadados, decepcionados. Y no por la situación de parálisis política total que vive el país, que impacta ya en sus planes de negocio futuro. Y que, dicho sea de paso, podría ser también motivo más que para indignarse, si bien parece más bien que en este aspecto concreto estén a la espera, con cierta calma chicha, confiados de cara a los resultados de la próxima cita con las urnas, enmedio de la crispación generalizada tras la sentencia del «procés». De momento, inlcuso sienten cierta complicidad con el PSOE de Pedro Sánchez, un lobo con piel de cordero que les dejará en la estacada en cuanto no les necesite, momento en el que empezaría con su baile de sillas… El caso es que nuestros empresarios, capitaneados por los grandes espadas de las poderosas compañías que integran el Ibex-35, más bien «están de morros» por otro motivo. A saber: por las consecuencias –apuntan ellos mismos– del «no es no» de Ciudadanos todos estos meses a una coalición de gobierno con Pedro Sánchez tras las últimas elecciones generales del pasado mes de abril. El discurso, tal cual, está desde luego por doquier. ¿No será justo lo contrario? Desde luego, las dudas sobre los fundamentos en los que se basa esa teoría también están ahí. Porque, tal apreciación ¿es suya –de los señores, y señora, del selectivo español, digo–, o es un discurso que se filtra desde otro entorno interesado con fines electoralistas? A los socialistas desde luego les viene de perlas que ahora las fuerzas económicas de este país descarguen todo su desdén contra aquellos que en otro momento gozaron de todo su aprecio. Me refiero, al apoyo pasado a la formación naranja, y más especialmente a su líder, Albert Rivera. «Si llegamos a saber hace ahora casi un año que su verdadera intención siempre fue mirar por sus propios intereses políticos y que no iba a hacer nada por pactar un gobierno sólido y sin sobresaltos junto a Sánchez, que proporcionase seguridad jurídica a empresas e inversores, no le hubiésemos prestado ayuda de ningún tipo», comenta muy enfadadado uno de ellos, que hoy además lamenta igualmente la situación a la que se ha llegado en Cataluña y los efectos que tanto disturbio tendrá en sus cuentas futuras. Pues bien, desde el entorno de Ciudadanos apuntan que ni tienen constancia alguna de tal disgusto en el seno del Ibex-35, ni nadie de esos grandes ejecutivos se ha dirigido con tal desasosiego ni al propio Rivera ni a ninguno de sus más allegados. Una vez más, la maquinaria propagandística del PSOE, siempre ojo avizor, funciona, si bien estos últimos días está redoblando esfuerzos, más centrada en que el presidente en funciones salga indemne del fracaso de su política de apaciguamiento en varios frentes, sobre todo, en Cataluña. Mientras, la defensa de los «naranjitos» está en el propio devenir de los hechos pasados tras las elecciones de abril. Dicen que de cara a la celebración de los anteriores comicios generales sí existió ese «no» por encima de todas las cosas a pactar con Sánchez. Lógico, cada cual debe lealtad a sus votantes. Pero, una vez que éste fue el elegido con más votos –que no mayoría– para intentar llegar a acuerdos con el resto de formaciones políticas para formar Gobierno, nunca se les llamó. «Nunca». La única intención de Sánchez ha sido todo este tiempo lograr el apoyo de Podemos. Al resto, ni agua. De hecho, la propaganda socialista se dedicó –afirman–, durante los meses posteriores a las elecciones autonómicas de mayo, a alimentar el manido «no es no» de Rivera a Sánchez. cuando el líder de Ciudadanos fue el único que a escasos días de la decisión de volver a convocar elecciones para noviembre tendió la mano al presidente en funciones. No sirvió de nada. No en vano, la filtración de esa versión en contra de Rivera tiene todos los visos de que al final le va a pasar factura al líder de la formación naranja. Y no solo por un previsible menor apoyo del electorado en la próxima cita con las urnas, según apuntan las últimas encuestas. También en su conexión con las fuerzas económicas de este país. Aunque al líder de Cs, esto le trae poco menos que «al pairo». Ya lo dijo hace tiempo, y lo volvería a repetir: no atenderá a presiones de ningún tipo. Que banqueros, empresarios y sindicatos se presenten a las elecciones con «su propio partido» si lo que buscan es que «el sanchismo campe a sus anchas». Palabras que al empresariado español no les sienta nada bien. «Hay una necesidad urgente de un gobierno por encima de rabietas personales», dice otro primer ejecutivo del IBEX, que asegura que han mantenido discretas reuniones entre ellos desde el 26-J para analizar los resultados y consensuar el apoyo a este u otro líder. Eso sí, ya no será a Rivera, otrora su «niño bonito», hoy el malvado de la película. Las críticas ahora son enormes hacia él. Sobre todo desde el lobby del empresariado catalán en el selectivo, que había confiado en él para lograr en línea también con las preferencias de los presidentes de las patronales Fomento del Trabajo, Josep Sánchez Llibre, y de CEOE, Antonio Garamendi, un gobierno de centro-izquierda de «estabilidad y moderación». Hoy ya no habrá paz para los malvados. Ni perdón.

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