La nueva senda para dejar atrás la pandemia | Actualidad

Uno de cada ocho habitantes de la Unión Europea había recibido al menos una dosis de vacuna contra la covid a finales de marzo. Es una cifra que, dependiendo del punto de vista, puede ser esperanzadora o desesperante, pero una cosa está clara: el fin de la pandemia tal y como la conocemos en Europa está en marcha, lo que nos obliga a pensar qué continente nos espera a partir de ahora. La covid-19 ha puesto en evidencia tanto las vergüenzas como las fortalezas de la UE; ha frenado temporalmente crisis que ya existían y que, poco a poco, vuelven a saltar a la palestra, y, en algunos casos, ha acelerado drásticamente tendencias ya existentes que van a requerir respuestas ahora, y no dentro de unos años. Es para discutir qué Europa nos espera tras la covid-19 que EL PAÍS organizó, con el patrocinio de EY, un nuevo encuentro del ciclo Europa Futura, que se celebró esta semana en Madrid ante un público reducido de invitados y se transmitió a través de Internet.

Las cifras de vacunación europeas son malas si se comparan con las de Estados Unidos y Reino Unido. Para el vicepresidente de la Comisión Europea para la Promoción del Modo de Vida Europeo, Margaritis Schinas, los resbalones del programa comunitario (en especial su confianza en un proveedor, AstraZeneca, cuyo plan de producción sigue plagado de problemas) no ponen en riesgo el objetivo final de tener al 70% de la población (el porcentaje que se considera necesario para la inmunidad de grupo) vacunado para el verano de 2021. «Esto es una maratón, no un sprint; el éxito de los programas se mide cuando terminan», afirma. «Europa está plenamente dentro de sus objetivos».

«Entiendo las ganas de vacunarnos todos, pero creo que nuestra estrategia es la adecuada», comenta la ministra de Sanidad, Carolina Darias, que defendió la estrategia de la UE («sin ella no tendríamos ese horizonte de esperanza») y señaló el éxito que en sí mismo representa el tener vacunas en marcha solo 16 meses después de la identificación del virus: «Todo el talento de la Humanidad se ha puesto al servicio de la Humanidad». «Soy optimista con la vacunación», apunta Luis Díaz-Rubio, que preside en España y Portugal a la farmacéutica Janssen, cuya vacuna monodosis tiene previsto empezar a aplicarse este mes y fabricarse en España a partir de junio.

Para Schinas, el programa de vacunación no es sino una demostración más del salto cualitativo que ha dado la gobernanza de la Unión Europea desde el inicio de la pandemia. «Las primeras semanas fueron de descoordinación, cacofonía y pánico», recuerda el vicepresidente de la Comisión. «Pero los Gobiernos se dieron cuenta y pasaron a la fase de convergencia y, a partir de mayo, lo que yo llamo el momento hamiltoniano [en referencia a Alexander Hamilton, que impulsó un movimiento para reforzar el federalismo en los Estados Unidos a finales del siglo XVIII]».

La piedra de clave de todo ese movimiento son los fondos europeos de recuperación, más de 750.000 millones de euros necesarios para recuperar el frenazo económico provocado por la pandemia: una caída del 6,4% del PIB de la Unión en 2020, la mayor de su historia. «De esta vez no nos vamos a quedar detrás de EE UU en la recuperación, como pasó en la Gran Recesión», defiende Schinas. «Si tenemos en cuenta los presupuestos comunitarios, el estímulo ahora es similar al que están aplicando allí». Aunque no sin incidentes —el Tribunal Constitucional alemán ha bloqueado la aportación del país al fondo, la mayor de todas, a la espera de analizar un recurso— el plan muestra una nueva Europa, capaz de enfrentarse de forma más directa a sus desafíos, tanto los nuevos como los viejos.

Los nuevos retos tienen que ver con los problemas que la pandemia ha dejado en evidencia: unas cadenas de suministro demasiado largas y frágiles y la dependencia de proveedores externos a la hora de obtener insumos imprescindibles. Hay que buscar una forma de evitar esos problemas, pero de forma cuidadosa. «No puede ser una vuelta al proteccionismo; sería un error», alerta Schinas. «Millones de empleos dependen de la exportación».

El problema central del cambio climático sigue ahí y el plan europeo de ayudas busca activar las soluciones a la crisis desde la iniciativa privada. «Nosotros tenemos 110 proyectos por valor de 19.000 millones de euros», apunta el consejero delegado de Endesa, José D. Bogas. «Para una transición ecológica justa, movilidad eléctrica, hidrógeno verde». «Hay que impulsar el concepto de antifragilidad», explica la presidenta ejecutiva de IE Exponential Learning de IE University, Teresa Martín-Retortillo. «Proyectos que crecen ante la incertidumbre».

Los fondos europeos no funcionan por si solos. «Tenemos una carta oceánica», explica el presidente de EY en España, Federico Linares. «Necesitamos un mapa para navegar las costas, el detalle, y eso se ha de hacer a nivel nacional». Y no solo nacional. «Nada va a pasar sin la colaboración público-privada», continúa Linares. «Uno de los problemas históricos de la implementación de los fondos europeos es la falta de proyectos», recuerda Martín-Retortillo. «Las empresas tienen que llevárselo hecho a las administraciones. Teniendo fondos, sería terrible no aprovecharlos».

Y, sobre todo, sin olvidarse de los que se quedan atrás, sobre todo de las pymes, responsables por más de la mitad de los puestos de trabajo en el país. «Lo mejor que podemos hacer por las pymes es que dejen de serlo. Me preocupa que estemos pensando en el maná y no pensar con las luces cortas», considera el presidente de Iberia, Javier Sánchez-Prieto. «Hay que dar respuesta a los grandes retos». «Decir que ‘está todo pagado’ es tranquilizador, pero no es el camino a seguir», apunta Bogas. «Si no somos capaces de ser inclusivos y sostenibles en un sentido amplio, tirar de las pymes, no dejar a nadie atrás, especialmente a los jóvenes, las cosas nos van a ir mal».

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