La memoria incómoda

Verano de 1997. Tenía 11 años, casi 12. Estábamos jugando al futbolín en el garaje de un amigo, celebrando su cumpleaños. En el fondo se intuía, más que oírse, la conversación de los adultos. En esos días solo había un tema: Miguel Ángel Blanco. Eran las horas del secuestro. ¿Se atrevería ETA a cumplir con su amenaza? Alguien en torno al futbolín dijo, con esa crueldad que los niños confunden con hombría cuando exploran a tientas la adultez: “A ese lo van a matar”. Otoño del año 2000. Una de las voces que me acompañaban en mi adolescencia política, la de Ernest Lluch como colaborador del programa La ventana, había sido callada a tiros.

Seguir leyendo

Lee más: elpais.com


Comparte con sus amigos!