La mejor ciencia ficción se escucha | Blog Días de vino y podcasts

Ha sido una de las series de ficción revelación en podcast: Caso 63 es un relato sonoro de ciencia ficción producido en Chile por Emisor Podcasting y que puede escucharse en exclusiva en Spotify. La serie está protagonizada por los reconocidos actores chilenos Antonia Zegers y Néstor Cantillana y narra —a través de 10 episodios de 12, 15 minutos cada uno— la enigmática y extraña historia de Pedro Roiter, que llega misteriosamente a la vida de la psiquiatra Elisa Aldunate. A través de sesiones médicas se involucran en una trama con giros en donde el tiempo, el espacio y los eventos delirantes juegan con las mentes de los oyentes. Charlamos con Julio Rojas (guionista de la serie y creador de algunas de las más premiadas cintas que se han realizado en Chile) y con Antonia Zegers (destacada actriz chilena de teatro, cine y televisión. Cuenta con una amplia carrera, con participaciones en algunas de las películas más galardonadas del cine chileno).

P: Julio, ¿cómo aparece la historia de Caso 63 en su cabeza? Parece que hay detrás una profunda lectura de ciencia ficción, pero también de computación cuántica, virología, inteligencia artificial… Tiene algo de Ted Chiang y de Christopher Nolan. No sé si se siente cercano a esos autores.

R: Soy un gran admirador de Ted Chiang y su exploración del tiempo como fenómeno que nos cruza y nos define. Exhalación y La historia de tu vida, son notables ejemplos de lo que la gran ciencia ficción hace como ningún otro género: detenernos a pensar sobre nosotros mismos. Nolan hace lo mismo desde otro lugar. Es el gran ilusionista del cine actual, atrapa con su despliegue visual intoxicante que encubre siempre una reflexión sobre el determinismo o el libre albedrío, ¿somos prisioneros de un entramado casual o podemos romper con todo y crear nuestro propio destino? En Caso 63 me hizo sentido la teoría de universos múltiples de Everett, donde cada observador al tomar una decisión clona el universo. Hay muchas oportunidades de arruinarlo todo (como lo hemos hecho) o hacer las cosas bien, porque hay muchos universos operando y basta con generar una decisión y un movimiento para que nazca uno nuevo. Esa idea de que construimos nuestro futuro y somos responsables de lo que nos pasa, pesó mucho en mi cabeza este año.

P: ¿Y cómo aparece la pandemia en el guion?

R: Estaba en 2019 escribiendo el piloto de una serie sobre una pandemia y un virus que nos cambiaba evolutivamente como especie, y estaba muy pendiente de todos los papers relacionados con virus y pandemias y de pronto me llega un informe sobre neumonías atípicas en Wuhan. El primer informe. Es vertiginoso comprender que siempre hay un primer momento, un momento delicado, un “vortex”, donde se genera una línea de tiempo alternativa y radical. Fui, como todos, siguiendo la ruta de la pandemia y sentí que éramos producto de nuestras propias decisiones. Un viajero del tiempo ¿podría haber detenido la ola? ¿Cómo? Y lo principal: ¿le creerían? Porque lo paradójico es que mucha gente tardó mucho en creer. Estábamos dormidos en una euforia predadora e inconsciente y el virus nos despertó y nos remeció. El 2020, nos lanzó el futuro a la cara. Teletrabajo, estallidos sociales, mascarillas, distancia social, fakes news, todo lo impensable estaba ocurriendo. Roma vacía. Venecia sin turistas, Times Square vacío, animales salvajes en las calles, como las distopías que el cine advirtió hasta el cansancio. Caso 63 nació así, de la sensación extraña de no saber qué pasa y no saber qué viene. La figura del viajero en el tiempo, que se encuentra en tensión con un escéptico me pareció atractiva. No vi Dark y ahora que la estoy mirando, pienso que fue mejor que no la haya visto antes, porque es tan buena que nunca hubiera escrito Caso 63 por pudor.

P: Antonia, ¿había trabajado antes en una ficción sonora? Es cierto que el podcast recupera esta tradicional oral de los textos dramáticos, algo que antes hizo la radio, y usted ha hecho mucho teatro. ¿Ha sido satisfactoria la experiencia?

R: Esta es la primera vez que hago una serie de podcast. Encontré muy bonito el lenguaje, es como las etapas de la ficción, ¿no? Primero está el libro, el silencio y leer, luego viene la voz, y luego vendría el audiovisual. Pero todas son distintas esquinas para generar contenidos, para contar historias. Creo que es muy bonito después, una vez que escuchas, cómo uno va componiendo las imágenes. Y son tan personales, que es impresionante cómo te invita solo una voz y un texto. Lo encontré un formato muy bonito, me encantaría seguir ahondando en él, la verdad.

P: ¿Cómo ha trabajado el personaje de la doctora Aldunate? Ella se mueve constantemente entre la sorpresa, el descreimiento, el convencimiento, el dolor. ¿Tener solo la voz para depositar allí el talento interpretativo ha sido un reto?

R: Lo que está en juego siempre es la simbiosis que uno hace al encarnar un personaje, comprenderlo, sentirlo, generar una línea de pensamiento que es distinta a la de uno; y todo eso corre también al grabar una serie donde solamente se usa la voz. Al final, el enjuague de actuar, ya sea en podcast o en series, o en teatro, es pasar un personaje por uno; y es primera vez que yo hacía una serie de podcast, y lo que se ponía en juego es lo mismo la verdad: hacer que esa historia pase por mí para que esa voz no sea simplemente una voz, sino que también transmita emociones, sensaciones, intensidades, etcétera.

P: Julio, ¿supo desde el comienzo que sería una historia para ser contada en audio?

R: Completamente. Siempre pensé en el recurso de las cintas de audio perdidas, de la intimidad a puerta cerrada entre una terapeuta y un paciente, y de ese registro progresivo y privado donde no sabemos quién tiene el control, quién miente, y cómo se desbarata la lógica para caer a un mundo de supuestos donde hay que involucrarse. Nosotros como oyentes somos parte de este descubrimiento y esa intimidad es necesaria, porque cada cinta, así como nosotros la escuchamos, también la escucha la doctora al llegar a su casa y juntos intentamos derribar (y luego abrazar) la teoría del Caso 63.

P: Además, la construcción del arco narrativo de cada episodio tiene sus propios momentos de clímax, como si estuviera diseñado para enganchar al oyente y que no deje de escuchar el siguiente. De alguna forma, propicia el binge listening, es decir, escucharlo todo de una sola vez.

R: Sí, Caso 63 está escrita para ser escuchada como maratón, pero no es para nada una serie de diseño, donde los cliffhangers están prediseñados y hay una arquitectura de la atención en operación, sino que fue una escritura bastante espontánea. Sabía que las reuniones del paciente 63 con la doctora Aldunate duraban de 10 a 12 minutos y aunque yo quería escucharlos durante una hora, debía comprimir todo lo que quería decir en ese lapso, y al detener abruptamente cada relato, nacieron esos puntos de clímax y esos ganchos. Así como —espero— dan ganas de escuchar el próximo, yo la escribí también con la misma ansiedad y necesidad imperiosa de escribir el capítulo siguiente, porque tampoco tenía muy en claro lo que venía. Sabía lo que pasaría en cada sesión y tenía claro el final, pero había muchas cosas en la relación que fui descubriendo y desconocía, y quería saber hasta dónde llegaría el caso 63, y dónde se cortaría el hilo de la credulidad de la doctora.

P: Imagino que la elección de los actores habrá sido fundamental, ya que solo dos voces llevan el peso completo de la historia. ¿Cómo construyó los personajes, en qué grado de ambivalencia y contraste?

R: Lo primero, Antonia Zegers y Néstor Cantillana, son maravillosos profesionales, con un talento extraordinario. Abrazaron la historia y a pesar de atravesar por teorías extrañas y ser tan lejano a lo que acostumbran a hacer, comprendieron inmediatamente la mecánica de la pareja, qué estaba en juego y cómo eran los personajes. Y ese salto al vacío que hicieron en favor de la historia me parece extraordinario. Ellos no conocían cómo terminaba la serie y fueron recibiendo los capítulos en orden cronológico. Construí ambos personajes desde una tensión. No solo es la tensión de médico-paciente (con toda la asimetría en tantos aspectos), es la tensión entre la zona de confort y las posibilidades. Entre el escepticismo científico anquilosado y la una de frontera. Como si un físico clásico de finales del siglo XIX entrevistara a un físico cuántico y este le dijera dónde el tiempo va en todas direcciones, las partículas pueden ser ondas y luego partículas de acuerdo con el observador o que la realidad está en un 99,9% hecho de nada, ese mismo estupor de no creer —aceptar— creer opera en esa pareja. Aparte de la brecha de información y de personalidad, ellos también tienen cosas en común. Ambos han perdido. Ambos no tienen futuro. Ambos se necesitan. Me pareció coherente esta asociación simbiótica entre dos individuos basada solo en la confianza y la fe en el otro.

P: Antonia, ¿cómo fue el proceso de grabación con Néstor Cantillana porque creo que grababan por la noche desde casa y no sé si juntos o por separado?

R: Sí, esta serie la grabamos en plena cuarentena total en la ciudad de Santiago. Estábamos todos confinados, no podíamos salir ni siquiera a comprar sin permiso. Entonces generamos un sistema donde nos entregaron aparatos para grabar, me tuvieron que enseñar a usarlos porque yo soy muy mala para esas cosas. Hacíamos una reunión de Zoom donde quedábamos finalmente Néstor y yo, y las actrices o actores invitados en pantalla donde nos podíamos ver y cada uno generaba su pista de grabación. Yo encontré alucinante cómo nos arreglamos para contar historias durante esa cuarentena. Cómo la ficción de todas maneras se abre camino y la pulsión de contar historias, de generar contenidos, no se ve afectada por las circunstancias, sino que se abre espacio en la circunstancia. Era muy alucinante estar haciendo una serie de ciencia ficción en esas condiciones. Cada día de grabación era una aventura porque, como yo tengo hijos chicos, Néstor también tiene hijos chicos, teníamos que empezar la grabación muy tarde, a las diez de la noche, para tener completo silencio, y era como una doble vida, una cosa así. Creo que la hicimos de manera muy artesanal y eso generó también una fuerza en nosotros de querer contarla, de querer hacerla, pese a las dificultades de esta pandemia y de la cuarentena en la que estábamos sumergidos.

P: Julio, la historia sucede en Chile pero tiene una nítida vocación global, ¿no es así?

R: Pegaso, el virus de Caso 63 es global. Los acontecimientos históricos que narran son globales, el fin del mundo es un fenómeno global. La reflexión sobre el futuro es global. Pero donde ocurre el primer evento causal, el “vortex” a intervenir es un momento, es una persona y es una decisión. Podría haber sido en cualquier lugar, con cualquier persona. Y ese lugar fue Chile. Y podría haber sido en un bar de Budapest o en un café en El Cairo, o en una librería de Lavapiés, eso es lo alucinante. Cualquiera de nosotros puede generar un evento colectivo de proporciones insospechadas y globales.

P: Esta ha sido la primera gran ficción sonora de Chile realizada para Spotify Studios. Antonia, ¿cree que el podcast puede significar, como ya ocurre en Estados Unidos, una nueva profesión para muchos actores?

R: Sin duda que los podcasts están abriendo nuevas oportunidades actorales. Junto con diversificar nuestro campo laboral, también se ha transformado en un desafío profesional. Como actores debemos afinar nuestras técnicas, para lograr expresar situaciones solo con la voz. Convencer al oyente de la historia y llevarlo a imaginar las escenas es una gran tarea para nosotros. Creo que los podcasts están permitiendo a los actores y realizadores crear historias de gran calidad y que posteriormente puedan transportarse a otros formatos como el teatro o la televisión.

P: Por último, ¿escucharon antes algún podcast de ficción que les pudiera inspirar para la historia final?

JULIO: Podcast de divulgación científica sí, pero nunca escuché uno de ficción. Mi única aproximación era cuando era muy niño, escuchaba con mi abuela un radioteatro de terror, llamado Lo que cuenta el viento que me dejaba sin dormir y que me encantaría volver a la vida versión 2020. Porque hay algo muy ancestral e íntimo en escuchar y crear una historia en tu cabeza, algo que nos acompañó siempre como especie y que perdimos.

ANTONIA: ¡Nunca había escuchado un podcast! Crecí con mi padre hablándome del radioteatro. Él era fanático del Doctor Mortis y me acuerdo que me contó que quedó muy decepcionado cuando vio la película, ya que sintió que su Doctor Mortis no era el que le estaban mostrando. Esa es la cosa tan fabulosa que tiene invitar a la gente a imaginar, a crear sus propios mundos, sus propios cánones estéticos y valórico a propósito de una historia fascinante.

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