La jugada «peronista» de Mauricio Macri

La nueva Argentina que Mauricio Macri intentó construir se convirtió, en menos de cuatro años, en una obra inconclusa. Los andamios de ese monumento, a una democracia sólida y moderna, se le hicieron, en buena medida, arena. El presidente argentino, en lugar de aliviar los problemas heredados de sus ciudadanos, los agravó. Errores de cálculo, un contexto internacional adverso y la limitación propia para generar confianza dieron como resultado, el quiero y no puedo alumbrar un país mejor. Dicho esto, no es poco ni despreciable la gestión de una Administración con la brújula correcta pero la ruta del GPS, insistentemente, despistada.

Las elecciones de octubre y el riesgo a perder frente a una «fórmula» de pesadilla como es la encarnada por la expresidenta Cristina Fernández y su exjefe de Gabinete, Alberto Fernández, sacudieron el inmovilismo o apoltronamiento de Macri. El presidente vio las orejas del lobo de la derrota en las urnas y por fin, reaccionó. La elección del peronista Miguel Angel Pichetto, como su compañero en la papeleta (a vicepresidente), es prueba de ello.

Pichetto es un histórico leal al poder de turno de los suyos mientras estuvieron en la Casa Rosada (incluida la viuda de Néstor Kirchner) y miembro de lo que Macri llama «el peronismo razonable». El cambio de filas implica, a efectos reales, la creación de algo parecido a un frente nacional. El «fichaje» de Pichetto supone que la UCR (Unión Cívica Radical), la Coalición Cívica y el Pro que fundó Macri cierran filas con un sector importante del peronismo dispuesto a compartir el poder. El otro, el del «kirchnerismo» que saqueó a la Argentina y desfila por el banquillo de los acusados, entendió rápido una jugada inesperada que recibió como una bofetada, con la palma abierta, en el rostro del sueño de su regreso a la Casa Rosada.

Las últimas encuestas advertían un retroceso en la inflaciónque ha reventado el bolsillo de los argentinos y un frenazo en el ascenso del dólar, la única moneda que existe, a la hora de la verdad, para la población. El escaparate de las obras públicas terminadas (cloacas, puentes y túneles) que empieza a estar a la vista parecía sumarse a un ánimo electoral algo más favorable para el oficialismo. Pero el Gobierno entendió que si era suficiente para hoy podía no valer para mañana. Necesitará a casi todos los sectores para concretar las reformas de fondo previstas.

Macri renunciará al término Cambiemos, la coalición que le llevó al poder, se inventará otro de consenso y se reinventará a sí mismo junto a adversarios que, al menos hoy, parecen pensar más en su país que en ambiciones personales. Si pasara en Suecia no sería un noticia pero, quizás, estamos, de verdad, ante el nacimiento de una nueva Argentina.

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