La incertidumbre política, la deuda y el cepo cambiario, en la mirada de los inversores

La falta de definiciones del gobierno electo y las señales que hay hasta ahora no son pautas con las que el mercado se sienta cómodo. Eso quedó reflejado en la evolución de la última semana: la impaciencia se acelera a medida que crece la necesidad de proyectar cuál será la política desde el 10 de diciembre en materia económica, fiscal y monetaria y saber qué camino podrían llegar a tomar las negociaciones por la deuda.

Semanas signadas por la incertidumbre

El mercado sigue esperando definiciones de política económica-financiera por parte de quienes han sido electos para gobernar el país a partir del 10 de diciembre. No las esperaba la primera semana, pero ahora, cada día que pasa, la incertidumbre comienza a pesar más sobre las cotizaciones. Hubo solo algunas señales referidas a la política exterior, que pudieron generar algo de ruido en el mercado, pero que, en concreto, estuvieron en línea con lo esperado.

En lo que respecta a un programa económico-fiscal y monetario sobre el cual se deberán sentar las bases de una reestructuración de la deuda (siempre que se busque una negociación “rápida” y medianamente “amigable”) realmente no hubo avances. O, en su defecto, lo que hubo (oficialmente o extraoficialmente) cuesta encuadrarlo en el camino que les gustaría transitar a los inversores. Habrá que esperar, entonces… pero entendiendo que la volatilidad y la presión a una corrección de la tímida recuperación reciente se incrementará a medida que no existan definiciones. Las próximas serán semanas intensas para los inversores.

El tema de la deuda es el eje del mercado

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Cómo será la oferta de reestructuración de deuda es algo que determinará también el comportamiento de los activos de renta variable. Esto, básicamente, porque es muy alta la correlación entre la evolución del riesgo argentino y las acciones.

En consecuencia, el análisis del camino que tome la reestructuración estará en el eje de la atención de los inversores en los próximos meses. El cierre del financiamiento tras las PASO, el reperfilamiento posterior y un programa financiero complicado para los próximos meses llevaron, justificadamente, a un fuerte castigo a los títulos. Se descuenta hoy una posible reestructuración de deuda con una quita en el valor presente neto (VNP) bastante agresiva, del orden del 55%. Muchos son los ejercicios posibles en este escenario, pero prácticamente en su mayoría todos apuntan a una oferta que sería un intermedio entre las opciones “Argentina 2005” y “Uruguay 2003”. Esto no se podrá afinar hasta que exista una propuesta concreta a los acreedores privados y hasta que comiencen las negociaciones con el FMI. Pensar que son negociaciones separadas, cuando al organismo se le deben más de US$44.000 millones, puede ser ingenuo.

Un cepo duro que llegó para quedarse

Un cepo cambiario duro tuvo el efecto esperado. Hubo una caída fuerte en la volatilidad del mercado (por debajo del 2% a 5 días) y una apreciación del tipo de cambio promedio diario de 0,1%, contra una devaluación de 0,4% en los 15 días anteriores a las elecciones. También generó un freno a la caída de reservas, que netas se ubican en la zona de los US$ 10.700 millones. Las estimaciones apuntan a que el Banco Central lleva comprado mas de US$1000 millones desde el cepo duro; poco, si se compara con los US$2600 millones que salió a vender solo en la última semana antes de las elecciones.

Son, así, solo dos las vías de escape de dólares que quedan: 1) por el comportamiento de los depósitos en dólares, y 2) por los pagos de deuda. Esta semana, de hecho, se deberán pagar unos US$360 millones en Letes y $13.000 millones en Lecap). En consecuencia, la evolución de la brecha dentro de este contexto se suma como variable clave y lo seguirá siendo, ya que el cepo llegó para quedarse. Por lo pronto, la semana cerró con una caída, si se toma como referencia la cotización del dólar oficial con la del contado con liquidación.

El contexto externo también juega

El cierre de lo que sería la primera fase de un acuerdo comercial entre China y Estados Unidos vuelve a estar en el centro de la atención de los inversores, en un escenario en el que no hay muchos drivers más.

La temporada de balances prácticamente está cerrada (con un resultado favorable), los datos económicos sin grandes sorpresas no permiten continuar definiendo la probabilidad real de una recesión a 12/24 meses, y las medidas de política monetaria parecen ya estar sobre la mesa. De hecho, este combo permitió saltar el optimismo y marcar nuevos máximos históricos a los índices americanos.

Una encuesta a inversores individuales de Estados Unidos remarca que la proyección alcista para los próximos seis meses se ubica arriba del 40%. El sentimiento bajista, en contraposición, está por debajo del 24% de los encuestados. Ahora, en estos niveles y sin esperar para el muy corto plazo nuevos catalizadores, el avance o no del acuerdo comercial será el dato a mirar. Todo esto, entendiendo que cualquier señal no muy favorable, dados los niveles actuales, pueda llevar a una corrección, algo que no debería sorprender.

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