La importancia de decir te quiero

«La golondrina»Teatro Infanta Isabel

Terrorismo, homosexualidad, dolor, maternidad, amor, memoria, secretos, heridas sin cerrar, empatía, silencios… De todo esto habla «La golondrina», un excelente y emocionante texto escrito por Guillem Clua desde las vísceras -según su propia confesión- al día siguiente de que un terrorista islámico perpetrara una matanza en una discoteca gay en Orlando (Estados Unidos). Fue el dedo que se metió en su garganta y le provocó el vómito emocionado que es «La golondrina». Pero el terrorismo, que planea sobre el texto -se habla de un atentado-, no es sino la excusa para hablar del dolor y, sobre todo, del amor; de lo que callamos y de la importancia de decir: «te quiero».

Cuenta la obra el encuentro entre Amelia, una profesora de canto, y Ramón; éste ha acudido a ella porque quiere cantar una canción -«La golondrina»- en una ceremonia en memoria de su madre fallecida. La canción será el nexo de unión y la espita por la que saldrán a la superficie los sentimientos enterrados. Hay mucho en «La golondrina» de reivindicación, pero hay más de súplica, me atrevo a decir que incluso de desahogo ante ese silencio impuesto a tantos y tantos homosexuales por una sociedad incomprensiva. Guillem Clua, un extraordinario dramaturgo, lo envuelve en una historia al tiempo espinosa y emocionante, descarnada y cotidiana, temblorosa y penetrante, que va desenvolviendo con inteligencia y habilidad.

Clua llena su obra de preguntas, de reproches, de deudas, de asignaturas pendientes, de silencios rotos… Y de lágrimas. Y es aquí donde al autor se le ha escapado un tanto la mano con un final descarada y excesivamente lacrimógeno, que empaña un tanto su magnífica escritura, el acertado pulso de la función, la medida y natural emoción de la historia y el atinado dibujo de los dos desgarrados personajes, en ocasiones dos púgiles que pelean por demostrar quién sufre o quién amó más.

Sobre un espacio poéticamente naturalidad de Alessio Meloni, Josep María Mestres tiende una alfombra para que el texto y los actores se puedan desenvolver sin dificultades. Carmen Maura es una actria de una innegable jerarquía, de gran presencia y naturalidad, pero da la sensación de decir su personaje desde la piel y no desde el corazón o el estómago. A su lado Félix Gómez se crece conforme transcurre la función para acabar inundando de emoción y verdad a su personaje.

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