La gesta de los naveros | Es LaLiga en EL PAÍS

El entrenador navarro Zupo Equisoain cambió el pasado diciembre las vistas desde la planta 14 de un rascacielos de Dubái, con piscina y gimnasio privados, por el gélido invierno de la campiña segoviana. Al término de su contrato como seleccionador de Emiratos Árabes este campeón de Europa de balonmano de 58 años decidió marcharse a un pueblo que no llega a los 3.000 habitantes. En Nava de la Asunción, donde uno de cada cuatro vecinos es socio de un club que hasta hace poco jugaba en la pista de cemento de un viejo frontón, la llegada de este mito de los banquillos ha renovado la esperanza de prolongar por tercer año su gran epopeya: ser la localidad española más pequeña con representación en la élite de un deporte colectivo.

El destino del Viveros Herol Balonmano Nava, el David por excelencia de todas las disciplinas, enfrentado cada fin de semana a Goliats grandes y poderosos como el Barça o el Bidasoa, se ha convertido en uno de los atractivos de la Liga Sacyr ASOBAL. Una competición que se puede seguir en LaLigaSportsTV, la plataforma de televisión a través de internet (OTT) dedicada a visibilizar más de una treintena de deportes, y en la que junto a grandes capitales conviven un conjunto de aldeas galas volcadas con su equipo.

El éxito de los naveros, que en 2019 celebraron su ascenso a la máxima categoría con los jugadores subidos a un tractor, hubiera sonado a ciencia ficción, tiempo atrás. No solo en 1976, cuando el conjunto nació con la única esperanza de dar una alternativa al fútbol; o en 1990, cuando desapareció el resto de rivales de la provincia de Segovia y tuvieron que hacer malabarismos económicos para fletar autobuses hacia pistas más lejanas cada 15 días. Incluso en 2009, subir de Segunda a Primera Nacional, la tercera categoría estatal, pareció una gesta insuperable.

Uno de los que estaba allí y sigue en el vestuario es Carlos Villagrán. El capitán, de 37 años, es uno de los cinco integrantes de la primera plantilla nacidos en el pueblo y uno de los dos únicos que han vivido los tres ascensos en diez años hasta alcanzar la ASOBAL en 2019. “Ha sido un viaje totalmente inesperado”, confiesa este central que pese a haberse convertido en profesional sigue ejerciendo su oficio de carpintero.

Su vida entre el taller y las pistas refleja la esencia de una institución empeñada en sostener sus grandezas desde la modestia. Capaz de conservar como sede una antigua peluquería propiedad de uno de los directivos como de captar a un técnico de talla mundial. Donde no hay jugador que cobre más de 2.500 euros, pero cuyo fervor en las gradas impresionó al míster del FC Barcelona, Xavi Pascual, que admitió en su primera visita su admiración por el “ambientazo con gente hiperrespetuosa”.

La apuesta de Julián Mateo, presidente del club desde 2018 y propietario del patrocinador principal, la empresa Viveros Herol, dedicada a la exportación de planta de fresa, es invertir para progresar en lo deportivo “sin gastar un céntimo de más”, afirma. Como directivo y vicepresidente, cargos que ocupó durante más de diez años, impulsó en 2007 la llegada del primer entrenador de fuera del pueblo, Alberto Vázquez, e incorporó al primer jugador extranjero de la historia en 2017, el serbio Toma Brakocevic. Ahora ya son ocho —tres portugueses, un montenegrino, un lituano, un argentino, un bielorruso y un italiano— y cumplen con una norma impuesta por el dirigente: todos viven en el municipio.

“Esto es fundamental para que se relacionen con la gente, para que se sientan de aquí. El que juega en nuestro equipo debe darlo todo por el escudo”, explica Mateo. Algo que ha comprobado en sus carnes el portugués Alvaro Seabra, de 39 años, aterrizado en el municipio en 2017 tras un paso por Hungría y Rumanía. “Lo que se vive aquí es único. Había veces que la pista estaba tan llena que se queda gente fuera”, cuenta. El pasado año jugaron sin público y este curso, como marca la consejería de Sanidad de Castilla y León, pueden completar el 33% del aforo, haciendo turnos cada semana entre los muchos que quieren ir a los partidos y garantizando todas las medidas de seguridad pertinentes. “En el bar o cuando vas a una tienda todos se te acercan para comentar, pero siempre para animar. Nunca me han recriminado nada”, relata Seabra.

Más que la tumba del poeta Jaime Gil de Biedma o la estatua del obispo fray Sebastián, el alcalde Juan José Maroto, del PSOE, y también balonmanista en su juventud, reivindica al balonmano como el verdadero símbolo y orgullo del pueblo, “una religión”, afirma. Y se nota porque hay una avenida Balonmano Nava; porque para el primer pregón de fiestas, en 1995, eligieron a Juan de Dios Román, por aquel entonces seleccionador nacional; y porque el pabellón que se inauguró en 2019 después de años de espera se llama Guerreros naveros.

Una denominación que decidieron los alumnos del instituto, buena parte de los cuales juegan en una institución con equipos femeninos y masculinos en todas las categorías, y que simboliza la fe y la constancia que ha tenido el Nava para llegar a lo más alto. Superando decepciones, como el playoff del 2018, donde se quedaron a un gol de subir, y dificultades como las de la presente temporada, en la que casi toda la plantilla se contagió de covid, e incluso el tercer portero, Ángel Pescador, llegó a estar ingresado en la UCI. En los peores y los mejores momentos, siempre siguen ese lema de unión que cuelga en las gradas de su pabellón: un club, un pueblo, una afición.

Lee más: elpais.com


Comparte con sus amigos!