La fragilidad de la democracia

Las imágenes ayudan a entender ideas. Lo corrobora la geografía de las ciudades, con sus espacios generosamente planeados y reconstruidos, como Berlín, que quiere ser cosmopolita y europea. En el andar de un flâneur, puedes toparte con el Parlamento y su cúpula de cristal, como una bóveda surgida del cielo, arqueada solemnemente en el centro de la Cámara. El monumento donde reside la soberanía del pueblo busca una luz natural que lo ilumine incluso en tiempos de oscuridad. Decía Arendt que, con las metáforas, “manifestamos poéticamente el carácter único del mundo”, y es más fácil entender así que la bóveda del Bundestag sugiere la fragilidad de la propia democracia. La imagen alude a una arquitectura extremadamente delicada donde reside un poder que no es de nadie y que, por su pasado, no puede reducirse a una expresión electoralista. La tensión entre liberalismo y populismo nos hace olvidar que existe un carácter genuinamente democrático que consiste en cultivar y vigilar, pero también, sencillamente, en cuidar la delicada arquitectura que lo sostiene todo.

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