La España ausente

Solía repetirse entre periodistas de anteriores generaciones la anécdota de aquel jefe de redacción de algún medio franquista que, anticipando el impacto de la columna que se disponía a escribir sobre la Unión Soviética, prometía: “Va a temblar el Kremlin”. Este episodio o fábula se utilizaba para aludir, no sólo a la conocida arrogancia de la profesión, sino a las pretensiones ridículas de un país que entonces era un paria en el escenario internacional, ni siquiera un enemigo de la URSS o del bloque comunista, un simple actor secundario a quien nadie prestaba gran atención.

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