La economía china se debilitó en abril por la guerra comercial con EE.UU.

Enzarzada desde el verano en una virulenta guerra comercial con Estados Unidos, la economía china empieza a mostrar síntomas de desgaste. Tras esquivar el conflicto durante el primer trimestre con un crecimiento del 6,4 por ciento, los indicadores económicos de abril arrojan unos datos menos positivos. Tanto las exportaciones como la producción industrial y el consumo, los principales pilares del crecimiento chino, se ralentizaron el mes pasado, antes incluso de que la Casa Blanca subiera los aranceles a las importaciones procedentes de este país.

Según informa el periódico “South China Morning Post”, las exportaciones cayeron un 2,7 por ciento, mientras que en marzo habían subido un 14,2 por ciento, probablemente por el adelanto de pedidos antes de que la crisis se recrudeciera. Por su parte, la producción industrial creció un 5,4 por ciento con respecto al mismo mes del año anterior, pero por debajo del 8,5 por ciento registrado en marzo y de las previsiones de los economistas consultados por la agencia Bloomberg. Dicha cifra es, además, la más baja desde noviembre.

Dentro del sector industrial, la producción de manufacturas presentó una ralentización similar: crecimiento del 5,3 por ciento, por debajo del 8,5 de marzo. Esta pequeña desaceleración podría deberse a la amenaza de tarifas arancelarias sobre los productos chinos exportados a EE.UU., que empezaron a aplicarse con un coste de hasta el 25 por ciento desde el pasado viernes para artículos valorados en 200.000 millones de dólares (178.000 millones de euros). Si no hay acuerdo pronto, Trump ya planea extender dicho arancel al resto de importaciones chinas, que suman 300.000 millones de dólares (267.000 millones de euros).

Por su parte, las ventas al por menor subieron un 7,2 por ciento, también por debajo del 8,6 por ciento previsto. Además, dicha cifra es la peor desde el crecimiento del 4,3 por ciento registrado en mayo de 2003, lo que hace temer un impacto en el consumo que podría agravarse los próximos meses si continúa la guerra comercial. A partir del 1 de junio, China impondrá aranceles de hasta el 25 por ciento a 5.000 categorías de productos importados de EE.UU. con un valor de 60.000 millones de dólares (53.000 millones de euros).

Especialmente significativas fueron las caídas en la fabricación y venta de coches, que descendieron un 14 por ciento. En cambio, lo que menos sufrió fue la inversión en activos fijos, que creció un 6,1 por ciento, solo dos décimas por debajo del primer trimestre, por la fortaleza que sigue demostrando el sector inmobiliario.

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Pero, al margen de ese pequeño alivio, la ralentización de estos indicadores demuestra que las políticas de estímulo financiero no están tirando de la economía china. Tras el óptimo crecimiento del primer trimestre, el autoritario régimen de Pekín parecía haber recobrado la confianza en su fortaleza al no hacer tanto hincapié en la necesidad de estímulos financieros. De hecho, esa puede haber sido la causa del descarrilamiento de las negociaciones con EE.UU. cuando el fin de la guerra comercial parecía inminente hace dos semanas. A la espera de conocer el crecimiento de abril, esta ralentización mete más presión al presidente Xi Jinping en su guerra comercial con Trump, que no solo afecta a sus dos países, sino al resto del mundo.

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