La devoción popular a María Auxiliadora

Da la impresión de que todas las parroquias salesianas son la misma parroquia, aunque, en la práctica, cada una de ellas es distinta. Supongo que es como la devoción a María Auxiliadora, la misma para todos los fieles, la misma para todos los alumnos de los colegios, pero distinta en cada corazón. Quizá como la santidad. Recordemos. Le dijo Domingo Savio a Juan Bosco: «Quiero ser santo». Y don Bosco le contestó: «Me parece que hay buen paño». Y el joven Domingo añadió: «Bueno, yo soy el paño y usted el sastre». Me cuenta el párroco de Santo Domingo Savio, el salesiano Isidro Calvo Sánchez, toda una vida dedicada a la educación de una provincia a otra, que la clave del método salesiano es el sistema preventivo, razón, religión, amor. Colegio, oratorio y parroquia. Una feligresía de cerca de diez mil almas; un colegio de mil trescientos alumnos; un oratorio de más de tres cientos chavales; un club deportivo, DOSA, de más de seiscientos niños y jóvenes. La eucaristía, la devoción a María Auxiliadora y la obediencia a los superiores, al Papa.

La historia de la parroquia de Santo Domingo Savio, calle Santo Domingo Savio, 2, es la historia de la presencia de los salesianos en el barrio, una comunidad de catorce miembros, muy querida por la gente de la zona. Llegó un día desde la casa de Atocha el salesiano padre don Rómulo Piñol para montar en ese suburbio un oratorio. Llevaba bajo el brazo una pelota de trapo. Llegó, con la ayuda de los catequistas y las buenas gentes que habían emigrado del campo a la ciudad, y lo primero que hizo fue construir una pequeña capilla, dedicada a Domingo Savio. Cuenta en una crónica el primer párroco, don Miguel Rivilla San Martín, otrora asiduo colaborador de la prensa religiosa, que de aquella época hay que recordar los nombres del señor Justo, Pedro Melis, los hermanos Tojar, Blázquez y los hijos de estos que entraron en las primeras aulas de la escuela de enseñanza primaria y que llenaron después los talleres del centro de artes y oficios, hoy ejemplar ámbito superior de formación profesional industrial donde los haya.

Más tarde vino la parroquia, con fecha de 24 de octubre de 1967, en la que el entonces arzobispo de Madrid, monseñor Casimiro Morcillo, firmó con la Inspectoría de san Juan Bosco, padre Emilio Alonso Burgos, el contrato en el que se confiaba a los salesianos la comunidad, que tuvo como primer templo provisional, durante treinta y cinco años, una sala de dibujo industrial situada en el primer piso del edifico educativo. En 1988, el arquitecto José María Rodríguez diseñó el actual templo, funcional, a modo de gran capilla de colegio, amplio, espacioso, luminoso, que fue dedicado solemnemente el 24 de febrero de 2002 por el arzobispo Rouco Varela. En la actual parroquia, además del párroco, trabajan los salesianos Francisco Díez Pinillos y Gerardo Aparicio Gutiérrez. Por cierto, que en la zona hay dos comunidades religiosas, la del vecino colegio de las religiosas de Jesús María y la Casa Belén, de las Hijas de la Caridad, un centro de acogida de niños enfermos cerebrales hasta los cuatro años y un añadido albergue para inmigrantes.

Altar de la parroquia de Santo Domingo Savio
Altar de la parroquia de Santo Domingo Savio

Centro juvenil

En la vida de la parroquia hay que destacar la Cáritas, que atiende a medio centenar de personas. Una Cáritas con un grupo de voluntarios que se preocupan por las necesidades básicas de quienes se acercan a solicitar el pan de la vida. Y cómo no, la catequesis, el oratorio «Chiquicentro» centro Juvenil, la asociación de María Auxiliadora, el catecumenado de adultos, la preparación para los sacramentos de la iniciación cristiana, el grupo Betania, la pastoral de la salud, el equipo de economía, los jueves eucarísticos y las corales parroquiales: Cum Iubilo, Ciudad Lineal, Juan de la Encina, Asociación Cultural Brisa Rociera, baile por Sevillanas.

Sobre todo, la devoción a María Auxiliadora. Una devoción que sale a la calle, llega en procesión a la plaza del concejo de Ciudad Lineal y allí todo es fiesta. Cincuenta años de presencia salesiana, cincuenta años de vida de familia, como quería don Bosco, de servicio las 24 horas al día, de entrega generosa y de compañía, en un barrio que no se entendería sin la presencia de los salesianos, amigos, educadores.

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