La curiosa leyenda de la cabeza del rey don Pedro en Sevilla

En tiempos del rey Pedro I ¬ęEl Justiciero¬Ľ un caballero de los Guzmanes, enemigos absolutos, trataba de destronar a √©ste en favor de los Trast√°mara-Guzm√°n. Para tal fin de ¬ęcaballero¬Ľ iba sembrando de mentiras y atrocidades la figura del rey que no tardar√≠a demasiado tiempo en ser informado de tal circunstancia.

Pedro I no pod√≠a mandar ejecutar al caballero pues significar√≠a una Guerra Civil con la poderosa familia de los Trast√°mara, por otra parte tampoco pod√≠a dejar pasar la ocasi√≥n de limpiar su honor, as√≠ que ‚Äďpens√≥- un duelo ser√≠a la mejor opci√≥n de lograrlo.

Cierta noche, sabiendo de los h√°bitos y costumbres del difamador, lo esper√≥ en una calle, en la calle de los Cuatro Cantillo, y all√≠ le pidi√≥ ajustar cuentas. M√°s h√°bil el rey dio muerte al caballero de una certeza estocada en el pecho. Testigo de todo ello fue una se√Īora ya mayor que, entre la penumbra, asom√≥ un candil para tratar de ver que suced√≠a no acertando a ver qui√©n eran los duelistas.

A la ma√Īana siguiente la anciana lo coment√≥ al hijo de Juan, el carbonero, que hab√≠a sido ¬ętestigo¬Ľ de un duelo en el que una persona hab√≠a muerto.

Ese mismo d√≠a, en Sevilla, se extend√≠a el rumor que un poderoso caballero de la familia de los Guzmanes hab√≠a muerto en un duelo en las calles de la ciudad y su cuerpo hab√≠a sido llevado al palacio de la calle Jes√ļs. Ante el rey acudi√≥ el conde de Niebla, don Tello de Guzm√°n reclamando justicia por la muerte de su hijo. El rey pregunt√≥: ¬ę¬ŅHan matado a su hijo? Mis informadores me han dicho que ten√≠a m√°s bien las caracter√≠sticas de haber muerto en un duelo.¬Ľ

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El conde, desairado, repuso: ¬ęJunto al cuerpo se encontr√≥ un candil¬Ľ y el rey repuso: ¬ę¬ŅY qu√© os lleva a pensar que fue asesinado?¬Ľ, ante lo cual don Tello de Guzm√°n dijo: ¬ęFue atacado por sorpresa y por ello os pido justicia¬Ľ y para calmar a aquel padre que lamentaba con orgullo la muerte de su hijo el rey afirm√≥: ¬ęY en adelante, os prometo, delante de estos caballeros, que si el matador de su hijo es descubierto, mandar√© poner su cabeza en un nicho, en la pared, en el mismo lugar de su muerte¬Ľ.

El rey mand√≥ un preg√≥n a toda Sevilla en la que se dec√≠a que se premiar√≠a con cien doblas de oro: ¬ęEl rey don Pedro manda, que si fuese hallado el matador, sea su cabeza puesta en este nicho en la misma calle donde le dio muerte¬Ľ. Esta noticia lleg√≥ a o√≠dos del carbonero qui√©n inform√≥ a su madre: ¬ęmadre, la fortuna llama a nuestra puerta¬Ľ. Se visti√≥, puso sus mejores galas y pidi√≥ ser recibido por el rey.

Detalle de la escultura del rey Pedro IR.D.

El rey lo recibi√≥ con sorpresa y no cierto temor: ¬ęSi me est√°is mintiendo os mandar√© encerrar en la mazmorra¬Ľ. Y el chico le dijo: ¬ęNo se√Īor, no miento; pero os lo dir√© a vos a solas, sin la presencia de guardias o criados, ni de ministros o consejeros.¬Ľ

El chico le coment√≥ como su madre, desde una cercana ventana hab√≠a sido testigo del duelo de aquellos dos caballeros, Juan ¬ęel carbonero¬Ľ le dijo adem√°s. ¬ęVenid conmigo y os lo mostrar√© de frente¬Ľ y llev√≥ al rey a un espejo que hab√≠a en el sal√≥n; el rey se coloc√≥ en frente y le dijo: ¬ęLlev√°is raz√≥n, ese hombre es qui√©n mat√≥ al caballero Guzm√°n, pero a partir de ahora os proh√≠bo que lo dig√°is a nadie m√°s, so pena de mandaros ahorcar.¬Ľ

El rey dijo: ¬ęVerdaderamente, este buen hombre me ha denunciado al verdadero matador del hijo del conde de Niebla, por lo que mando que mi mayordomo le entregue de presente las cien doblas de oro prometidas, y vaya muy en paz.¬Ľ

Al saber de la noticia los Guzmanes se personaron ante el rey para exigirle que cumpliera su promesa en la calle de los Cuatro Cantillos y el rey les dijo: ¬ęPod√©is estar all√≠ esta misma tarde, que la cabeza quedar√° puesta en su lugar tal y como he prometido.¬Ľ

La expectación fue total y muchos vecinos de Sevilla se acercaron hasta allí para comprobar como el rey cumplía su promesa y colocaba la cabeza del matador (asesino) del caballero Guzmán.

Lleg√≥ el verdugo escoltado por un dispositivo de guardias con un caj√≥n, redobl√≥ el tambor y ley√≥ el pregonero: ¬ęManda el muy alto y poderoso rey don Pedro, que la cabeza del hombre que mat√≥ al hijo del conde de Niebla sea puesta en un nicho en la pared de este lugar, donde cometi√≥ su homicidio. Pero por tratarse de persona muy principal, y por importar a la tranquilidad, sosiego y paz de esta ciudad, el que no se conozca qui√©n fue el dicho matador, ya que entre las familias del matador y el muerto se podr√≠a hacer bandos y luchas ordena el rey que la cabeza se ponga en el nicho, tal y como est√° metida dentro de este caj√≥n, sin que nadie se osado a abrirlos para reconocerla.Y p√≥nganse por delante fuertes rejas de hierro, para que nadie pueda robarlo.¬Ľ Y se dispuso un fuerte dispositivo para que nadie pudiera robar o conocer la identidad del ¬ęmatador¬Ľ.

Cuando muri√≥ el rey Pedro I, a√Īos despu√©s, en la guerra con su hermano bastardo Enrique de Trast√°mara, en Montiel, dos Tello de Guzm√°n fue gobernador de Sevilla y nada m√°s llegar a la ciudad hispalense mand√≥ quitar la reja y abrir el caj√≥n que deb√≠a tener la cabeza del asesino de su hijo que pensaba clavarla en una pica y mostrarla, aunque fuera su calavera, a toda Sevilla. Al romper el caj√≥n una exclamaci√≥n surgi√≥ entre los presentes: no hab√≠a restos √≥seos, s√≥lo una cabeza de piedra del mism√≠simo rey Pedro I que parec√≠a vengarse, desde el m√°s all√°, a√ļn m√°s, de los Guzmanes.

Don Tello de Guzmán hubiera querido destrozar allí mismo aquella cabeza de piedra que parecía una burla. Pero el Guzmán sabía que su hermano bastardo, y nuevo rey, Enrique de Trastámara, no lo hubiera consentido; así se dejó la cabeza expuesta en una hornacina, en la calle del Candilejo, hoy llamada, muy apropiadamente: Cabeza del Rey don Pedro. Si pasea por esta calle de Sevilla alce la vista y verá un busto de mármol. Lo habrá encontrado.

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