la cultura, razón de ser de Europa

Mapa de las ruinas de Europa. Bajo este epígrafe La Joven Compañía ha emprendido un proyecto, que desarrollará a lo largo de una tetralogía, en la que quiere «reflexionar sobre lo que queda de la Europa moldeada durante el siglo XX». El primero de los cuatro pasos es «Barro», una obra escrita por Guillem Clua y Nando López, dos de los autores de cabecera del conjunto, y dirigida por José Luis Arellano.

«Cien años después del final de la Primera Guerra Mundial -explican los dos dramaturgos-, este texto rinde homenaje a las voces de quienes lucharon por vertebrar una idea de Europa que siempre acaba encontrando su más íntima razón en la cultura. Quienes, a pesar de la violencia de un conflicto que se alargaba inexorable y trágicamente, se mantenían en pie de esperanza, aferrados a la posibilidad de sumar frente a la evidencia de la desunión».

La identidad, la responsabilidad histórica, el heroísmo o el pacifismo son algunos de los temas que planean sobre «Barro», que cuenta una historia de ficción cuyos protagonistas son los jóvenes -hombres y mujeres- que, de un modo u otro, vieron sus vidas alteradas, sin vuelta atrás, por el conflicto, tanto en el bando de los perdedores como en el de los ganadores. «Franceses, alemanes, ingleses, rusos… “Barro” es una obra tejida, como lo está siempre la Historia, de las biografías anónimas que se silencian y, sin embargo, significan», concluyen Guillem Clua y Nando López. Los ocho intérpretes son Alejandro Chaparro (Klaus), Álvaro Quintana (Marcel), José Cobertera (Helmut), María Romero (Ingrid), Víctor de la Fuente (André), Mateo Rubistein (Marcel), Jota Haya (Pierre), María Valero (Masha), Samy Khalil (Helmut) y Cristina Varona (Erika). Silvia de Marta firma la escenografía y el vestuario de la función, que cuenta con la iluminación de Paloma Parra y el movimiento escénico de Andoni Larrabeiti.

«La Historia -siguen los autores de «Barro»-pesa, sobre todo la de Europa. Pero conocerla, pensarla, analizarla, incorporarla es la mejor forma de entender el presente. Y la única forma de no repetir en el futuro los errores del pasado. Sin embargo, Europa está en un punto delicado pese a lo que fue el siglo XX. Su estructura empieza a estar de nuevo seriamente amenazada por inquietantes grietas. Es urgente que las nuevas generaciones sepan que lo que hoy está pasando hunde sus raíces más de cien años atrás. Y eso es lo que se propone La Joven Compañía».

El proyecto trata de evitar la amnesia. «Hoy todo se compra y se vende y tocamos más las pantallas que los cuerpos -dicen en la compañía-. La filosofía y la historia pierden terreno, porque alguien decidió que no son las asignaturas que más molan. Pero si no nos enseñan a pensar el futuro mirando el pasado, nos convertimos en barro manipulable. Si olvidamos lo que pasó, no seremos capaces de ver la gravedad del actual ascenso de las ideologías neofascistas por toda Europa y nos abrazaremos a sus banderas pensando que nos van a salvar la vida. Y nos la quitarán. La energía y el impulso de los jóvenes no se puede desperdiciar en batallas estériles».

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