La creciente violencia mundial nos cuesta 1.700 euros por persona | Planeta Futuro

A cada español le ha costado 3.200 euros el deterioro de la paz en nuestro país durante 2019. O lo que es lo mismo: un 4% del PIB. Y en el mundo, sumando todos los conflictos y todo el impacto, la media es de 1.700 euros por cabeza. Son datos del último Índice de Paz Global, un informe anual del Instituto de Economía y Paz (IEP) cuya nueva edición se publica este miércoles y que analiza cómo aumenta o disminuye la violencia en 163 países (un 99,7% de la población mundial) y cuál es el impacto económico de estos movimientos.

Para ello, se utilizan 23 indicadores que miden cuán pacífico es un país en tres vertientes: el nivel de seguridad de la sociedad, el alcance de los conflictos nacionales o internacionales en curso y el grado de militarización de los Estados. En esta ocasión se ha incluido también el impacto de la covid-19 pues provocará cambios sustanciales en el funcionamiento de la sociedad y de los negocios.

2019 dejó en el mundo un reguero de hechos violentos, tanto internacionales como domésticos: las guerras de Libia o Sudán del Sur, el conflicto talibán en Afganistán, la violencia pandillera en El Salvador y, también en Europa, las fuertes protestas de los chalecos amarillos en Francia y los movimientos sociales posteriores a la declaración unilateral de independencia de Cataluña en España, por ejemplo. Hay de todos los tipos y van en aumento, según este índice, que renueva cada año un organismo considerado máxima autoridad en la materia. Todos estos eventos, y otros cuantos más, han contribuido a que se deteriorara el nivel medio de paz, con una caída global del 0,34%. Es la novena vez en 12 años que la situación mundial empeora: desde el año 2008, la paz ha disminuido un 2,8%. De los 23 indicadores que se usan para medir el grado de pacifismo, 15 países más registran peores datos en 2020 en comparación con 2008. Islandia, Nueva Zelanda, Portugal, Austria y Dinamarca son los cinco países más pacíficos del mundo. Al final de la lista están Afganistán; Siria, Irak, Sudán del Sur y Yemen. España está en el puesto 38 de 163, con un índice de paz «óptimo».

Lo que más han contribuido a destruir la paz en el mundo es el terrorismo y los conflictos armados: en 97 países ha aumentado la actividad terrorista, mientras que solo 43 presentan niveles más bajos. También han aumentado los disturbios sociales: 96 países vivieron al menos una manifestación violenta en 2019 y durante la última década el número de disturbios aumentó un 282% y las huelgas generales un 821%. «Una de las partes más interesantes de este año es que esta investigación se ha realizado sobre disturbios durante la última década y son asombrosas las cifras sobre el aumento de las huelgas generales y protestas. Ahí vemos claramente el reflejo de la desestabilización política y el malestar social en la última década», apunta Serge Stroobants, director de Europa y la región MENA en el IEP, para quien los resultados son pesimistas, pero también optimistas porque el grado de militarización ha mejorado dada la disminución del gasto militar y de la cantidad de agentes armados por cada 100.000 personas en nada menos que 113 países. El indicador que más ha empeorado es el impacto del terrorismo, y el que más ha mejorado, la tasas de homicidios.

El precio de no vivir en paz

El impacto económico de la violencia en el mundo fue de unos 12,8 billones de euros en 2019, un 10,6% del PIB mundial o, lo que es lo mismo: casi 1.700 euros por persona. Supone una ligera mejora con respecto al año anterior, pero si echa la vista más atrás, la cifra es mucho más alta que la de hace una década; en concreto 1.250 millones de euros más.

El precio de perder la paz se define como el gasto relacionado con contener, prevenir y enfrentarse a las consecuencias de la violencia, y se obtiene de la suma de una serie de costes asociados tanto directos como indirectos. Por ejemplo: el gasto militar, las pérdidas en el PIB de los países en guerra por el deterioro de la actividad económica y el empleo, la destrucción de medios de vida, infraestructuras, etc. a causa de la guerra o el terrorismo… El principal coste es, no obstante, la acogida de refugiados y desplazados internos, que equivale a un 64% del total gastado.

Es llamativa la enorme brecha entre lo que cuesta la violencia en países pacíficos y países violentos: A Siria, Sudán del Sur y Afganistán, los tres menos pacíficos del ranking, les costó entre un 50 y 60% de su PIB. En los más pacíficos, la media fue del 3,9% del PIB. Otro dato llamativo es el elevado coste del suicidio, clasificado como una forma de violencia hacia uno mismo. Fue de 670.000 millones de euros, que es mayor incluso que el de los conflictos armados y se mide tomando como referencia la productividad que ha dejado de tener el individuo desde que se quita la vida hasta que hubiera alcanzado la vejez.

El impacto del nuevo coronavirus

La covid-19 ha afectado a la humanidad y va a seguir afectando así en un sinfin de maneras. La crisis ha aumentado las tensiones entre Estados Unidos y países como China por el origen de la enfermedad, o por el papel de la Organización Mundial de la Salud en la gestión de la pandemia, y son tensiones que se prevén más fuertes en tanto que las economías se contraen. La mayoría de los indicadores se van a deteriorar, y el único que puede mejorar es el gasto militar, pues los países redirigirán recursos para apuntalar sus economías. «Es posible que esos actores que, básicamente, están librando una guerra en otros países que no son los suyos ya no quieran invertir en ellas debido a que su capacidad económica haya disminuido por el impacto de la crisis», apunta el director regional del IEP.

En Europa, especialmente, se espera un aumento de la inestabilidad política, con más protestas sociales y más huelgas generales, y también una reducción de las ayudas humanitarias y al desarrollo, lo que afectará a países que dependen mucho de ellas como Liberia, Afganistán Burundi o Sudán del Sur, entre otros. Las dificultades para obtener préstamos y para pagar deuda, la caída del precio del petróleo, el aumento del desempleo… Todas las consecuencias económicas tendrán una repercusión en la estabilidad política y social global.

¿Qué se puede hacer para que la sangre no llegue al río? Apostar por lo que se denomina «paz positiva», que se define como el conjunto de actitudes, instituciones y estructuras que crean y sostienen sociedades pacíficas con economías estables. Los niveles más altos de paz positiva están estadísticamente vinculados a un mayor crecimiento de los ingresos, mejores resultados ambientales, mayores niveles de bienestar, mejores resultados de desarrollo y una mayor capacidad de recuperación», aseguran los investigadores.

Para lograr esta paz positiva, hay ocho pilares que asegurar: tener un Gobierno estable que brinde servicios públicos de calidad, fortalecer el entorno empresarial, respetar los derechos humanos de toda la ciudadanía, tener buenas relaciones con los países vecinos, contar con medios de comunicación gratuitos e independientes que difundan información veraz y útil, elevar su capital humano promoviendo el desarrollo del conocimiento, mantener niveles bajos de corrupción y distribuir los recursos de manera equitativa. «Explicamos a los Gobiernos que para salvar o desarrollar su economía no tienen que invertir solo en ella. También puedes invertir en generar paz», asevera Stroobants. «La cifra que usamos habitualmente es que un aumento del 1% en paz es igual a un aumento del 3% del PIB de un país. La violencia te cuesta miles de euros cada año. Toma solo el 10% e imagina todo lo positivo que puedes hacer con ello».

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