La aventura de proteger el Mediterráneo en un velero de 110 años

Cuando Brad Robertson llegó a Mallorca hace más de una década, una de las primeras cosas que preguntó fue: “¿Aquí dónde puedo bucear entre tiburones?”. Este experto submarinista australiano había trabajado en Queensland durante años, sumergiéndose en la gran barrera de coral, antes de recalar junto a su pareja, de nacionalidad española, en la isla mediterránea. Tras contactar con el biólogo marino Gabriel Morey, quien le informó que no podría encontrar uno de esos grandes escualos cerca, supo de la existencia de una población de rayas en la bahía de Palma. De esa forma Robertson no solo logró cumplir su sueño de apreciar la naturaleza marina sino que, aún sin saberlo, había plantado la semilla para crear una organización dedicada a preservar la riqueza de las costas mallorquinas.

Hoy Brad Robertson es, junto a Morey, cofundador de Save the Med, una organización dedicada a recuperar la biodiversidad marina a través de su estudio y la lucha contra la contaminación por plástico en el entorno balear. Su organización hace especial énfasis en una palabra: regeneración, entendida como la recuperación de la riqueza del medio natural más allá de la mera conservación, por lo que aboga por un estilo de vida más natural y respetuoso con la naturaleza. Un espíritu que le une a la firma mallorquina Camper y su campaña Walk, dont run, y que aparece reflejada en el último número de The Walking Society, la publicación con la que la marca nos muestra que otro estilo de vida, alejado de la celeridad del mundo moderno y conectado con el entorno, es posible.

Tras poner en marcha Ondine, un proyecto “científico basado en la comunicad local” para estudiar la población de rayas junto a la ONG Joves Navegants, Robertson y Morey fueron tendiendo puentes con asociaciones locales y residentes de la isla interesados en su misión. “Todo el proceso fue muy orgánico”, recuerda Robertson. “Nos fijamos en los problemas medioambientales existentes y decidimos que la contaminación por plástico era una amenaza creciente y muy poca gente entonces, en 2012, estaba haciendo algo al respecto”. Así surgieron distintas iniciativas que, en 2019, se unieron en Save the Med, la ONG con la que Robertson promueve programas como Baleares sin plástico, entablando lazos con instituciones públicas y privadas para encontrar alternativas que ayuden a reducir el impacto negativo en los ecosistemas marinos de las Baleares causados por el uso de estos residuos.

“Esa es una de las patas de nuestra organización”, apunta Robertson, “pero la otra es la protección de la biodiversidad marina”. Su objetivo es ayudar a la administración pública a crear una red de áreas marina protegidas, labor para la que cuentan con la colaboración de científicos marinos e instituciones afines como la Ocean Family Foundation o la Fundación Marilles. Para sus expediciones científicas cuentan con el Toftevaag, un barco que es a la vez su medio de transporte y el símbolo de su misión.

“Es un buque de pesca noruego de 110 años de antigüedad”, explica Robertson. Ricardo Sagarminaga Van Buiten, investigador marino que se unió a Save the Med después de llevar 30 años realizando trabajos de investigación, lo llevó a Mallorca y ahora es el buque insignia de la organización. “Cuando comenzamos esta experiencia colectiva pensamos que utilizarlo es una buena manera de combatir esta sociedad acelerada actual”, continúa Robertson. “Navegar en él es algo mágico. A todo el mundo que conozco y que ha colaborado con nosotros, viajar en este barco es una experiencia que le ha cambiado la vida”. En el último número de The Walking Society se puede encontrar un reportaje sobre una de sus expediciones, el testimonio de una búsqueda por recuperar el entorno natural a través de la conexión con el entorno que nos rodea.

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