Julio Iglesias y Mónica Gonzaga, un amor sin reparos

Hubo un tiempo en el que Julio Iglesias presumía de tener más novias que días tiene el año. Por entonces, los hombres le miraban incrédulos (o envidiosos) y no pocas mujeres soñaban con sumarse al pelotón de amantes suyas. Entre ellas se encontraba Mónica Gonzaga, una adolescente de 16 años que buscaba triunfar en los escenarios y las pasarelas. Aquella mujercita, hoy una sesentona de carcajada fácil, recordó estos días un romance que, de producirse hoy, «tal y como viene la mano ahora con los abusadores de menores, Julio -advierte- estaría en cana (cárcel) y no sale nunca más». Gonzaga con uno de sus dos hijos, en un reencuentro con Julio Iglesias – ABC Gonzaga, actriz, cantante y modelo, ha dado detalles de sus encuentros íntimos cuando era menor de edad -y cuando se hizo mayor- con Julio Iglesias. «Yo -le insiste al presentador del programa «Podemos hablar» del canal argentino Telefe- lo viví como algo natural. Me lo pasé bien, bárbaro… ¡Era Julio Iglesias!», repite. Andy Kusnetzoff, el periodista, la interrumpe: «Pero… ¿él no tenía reparos por tu edad?» Ella, le responde: «Te voy a ser franca, yo tampoco los tenía por la suya… A mí, siempre me alucinó Julio Iglesias”». El cantante, que aún estaba casado con Isabel Presyler, había cumplido 33 años y disfrutaba de un éxito arrollador. «Estaba en su mejor momento», recuerda la actriz, que le resta importancia a que «yo, era chiquitita». El primer encuentro de la pareja, relata, «fue en Venezuela», donde ella asistía a «un concurso de belleza». Y allí, «pasó todo». Ajena a las reflexiones del periodistas, que insiste en censurar la conducta del cantante, Mónica Gonzaga cuenta la segunda parte de su relación. Con «26 ó 27 años», ya una mujer hecha y derecha, le llamó por teléfono y «nos reencontramos en Las Vegas. A Julio le dieron la casa de Frank Sinatra» y allí se instaló toda la troupe. «Éramos -comenta entre risas- una banda muy divertida. Hasta se sumó Albert Hammond». La actriz, protagonista de películas como «La discoteca del amor», de Adolfo Aristarain, o la pícara «Mírame la palomita», de Enrique Carreras, había roto su relación con el compositor y cantante argentino Cacho Castaña. Libre y sin compromiso, fue al reencuentro de Julio. De esa etapa relata: «Estábamos en el cuarto y llamé a Cacho porque era mi cumpleaños. Julio me quitó el teléfono y le dijo: ‘‘Tu mujer está aquí, quédate tranquilo que la vamos a cuidar’’, y me devolvió el teléfono». El romance con el cantante parece que fue más intenso de lo previsto. «Julio es un personaje muy loco», estaba empeñado «en tener hijos, pero mi vieja (madre) me decía: ‘‘No se te ocurra tener un hijo con ese cantante, que te va a dejar tirada en España”». Si la madre de Javier Sánchez, María Edite Santos, la hubiera escuchado…

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