Juerga y fiesta para un ausente

Con la noche ya caída, la segunda jornada de fiestas recordó a aquella Barcelona de mediados de los noventa en la que reinaban las músicas de aluvión, también llamadas mestizas, pautadas por el baile, el descaro y la omisión de purismos. Bajo la advocación del espíritu de Xavier Turull, el que fuera percusionista y motor de Ojos de Brujo, un sinfín de amigos, conocidos y herederos desplegaron una fiesta en el Park Güell entorno a su memoria, en un espacio abierto a los cuatro vientos que hubiese encantado un homenajeado que no conoció fronteras. Fue un acto musicalmente festivo, rumbero y cargado de emotividad en el que la música fue maleada por artistas que como Xavier reducen las distancias entre los estilos; una fiesta que comenzó con un video con imágenes suyas y Debajo una piedra, seguida de 11 temas más, y recordó la alegría con la que los mexicanos conviven con la ausencia de los finados.

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