Juego sucio

Constitución que tendrá la última palabra en los litigios que puedan producirse en la votación y el escrutinio, como ya sucedió en 2000, cuando fueron los votos de los magistrados quienes dieron la presidencia a George W. Bush frente a Al Gore. Este solo hecho debería inducir a la Casa Blanca a abstenerse de tal decisión y dejarla en manos del titular de la presidencia en el siguiente mandato. Llevarla a cabo sería perfectamente legal, pero muy discutible desde el punto de vista político, alumbrando un Supremo con una fuerte mayoría conservadora alejado de los equilibrios políticos reales. Gracias al sistema electoral, Trump accedió en 2016 a la Casa Blanca con tres millones de votos menos que Hillary Clinton, y los 53 senadores republicanos, que ahora deben ratificar el nombramiento, han sido elegidos con 13 millones de votos menos que los 47 senadores demócratas.

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