John Bolton, un político duro que se convirtió en el azote del régimen de Nicolás Maduro

Cuando sirivió como embajador de Estados Unidos ante Naciones Unidas, John Bolton (Baltimore, 1948) se ganó a pulso la fama de político duro entre los más duros de la administración de George Bush hijo. No en vano, en una de sus comparecencias públicas dijo que la ONU le parecía tan inútil, tan ineficaz y burocrática, que «si el edificio perdiera 10 plantas no pasaría nada de nada».

Aquella pasará a la historia como una de las frases más destacadas de la carrera del tercer consejero de Seguridad Nacional de Donald Trump, que ha permanecido en el cargo 17 meses, de abril de 2018 a septiembre de 2019. No parece mucho, pero es uno de los altos funcionarios que más ha durado en una Casa Blanca sumida en el cambio permanente.

Varias son las causas que Bolton hizo suyas en la administración de Trump, pero ninguna de una forma tan personal y agresiva como la del cambio en Venezuela. Cuando llegó a la Casa Blanca, deponer a Nicolás Maduro se convirtió en una prioridad. Orquestó hasta un pronunciamiento en la sombra, que fracasó por la división crónica de los opositores.

No ha habido opción que Bolton no haya explorado para tratar de evacuar a Maduro: sanciones contra empresas y jerarcas, un embargo del crudo, visitas a Colombia y Brasil, amenazas repetidas de intervención militar. Hasta llegó a aparecer en una rueda de prensa con un bloc de notas amarillo en el que se leía: «5.000 tropas a Colombia».

Esas provocaciones no le hicieron muchos amigos a Bolton dentro del propio gobierno. Se le consideraba áspero, capaz de enfrentarse públicamente a quien se le pusiera por en medio, a veces rebelde e insubordinado. Muchas eran las filtraciones sobre el hartazgo de Trump con él, probablemente todas ellas procedentes del propio presidente.

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Bolton también fue el principal defensor de la salida del acuerdo nuclear con Irán y trató de boicotear activamente los acercamientos de Trump a Corea del Norte. Quien quisiera moderar la política internacional lo podía contar entre sus enemigos. Tal era su influencia y su capacidad de maniobra que cuando el vicepresidente, Mike Pence, trató de organizar la cumbre de paz con los Talibán le dejó fuera y le impidió leer el borrador de acuerdo, que al final no se firmó.

Durante su comparecencia como nuevo embajador de Estados Unidos en 2005, el jefe de inteligencia del Departamento de Estado, Carl Ford, calificó a Bolton como «un maltratador en serie» y como «la quintaesencia de los golpes bajos».

El Senado nunca aprobó la nominación de Bolton. En cambio, Bush lo nombró para el puesto de la ONU por 17 meses bajo un proceso conocido como un nombramiento de receso que no necesitaba de confirmación. A diferencia del Secretario de Estado o el Secretario de Defensa, el líder del famoso Consejo de Seguridad Nacional no necesita tampoco ser confirmado por una votación del Senado para asumir el cargo.

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