Javier Camarena vuelve a hacer historia en el Teatro Real

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Javier Camarena se ha acostumbrado a los bises en el Teatro Real. El sábado, después de cuatro minutos de aplausos al concluir su célebre romanza de «L’elisir d’amore», «Una furtiva lagrima», repitió esta pieza, para delirio de los espectadores que asistieron a la representación, la única en la que participaba el tenor mexicano.

Ésta es la tercera vez que Camarena hace un bis en el coliseo madrileño. En 2014 tuvo que repetir el aria «Ah! mes amis, quel jour de fête!», de «La fille du regiment» (conocida como el aria de los nueve «dos» de pecho) y en 2018 lo hizo, junto con sus compañeros de reparto -entre ellos la soprano Lisette Oropesa-, en«“Chi mi frena in tal momento», el sexteto de «Lucia di Lammermoor».

En una entrevista con ABC el pasado jueves, Javier Camarena se refería a la posibilidad de ofrecer este bis:

«Estamos a 48 horas de la función. Confiese: ¿sueña con bisar “Una furtiva lagrima”?» «No, no -ríe a carcajadas-… Es un aria que emociona mucho, pero no me lo he planteado». «¿Pero espera que se lo pidan?» «Sí -vuelve a reírse-. Pero aún así no me lo planteo. Debo decir que en estos últimos meses he estado luchando contra la alergia, que las últimas semanas sobre todo me afectó mucho. Mi situación vocal ahorita mismo no es la más cómoda ni a la que estoy acostumbrado. Obviamente pensar en un bis implica siempre un riesgo y un esfuerzo extra. Y yo he de velar primero por mi salud; quiero llegar bien a “Il pirata”, que es una de las óperas más exigentes que me he encontrado en los últimos años».

Y sobre la ópera, decía: «”L’elisir d’amore” es un título que yo quiero mucho. Es la primera ópera completa que me aprendí, siendo todavía estudiante, en 2003, y siempre le he tenido un cariño especial. Es además una de las óperas más entrañables del repertorio, por muy simple e inocente que pueda parecer el argumento. También para mí, quizás porque no he tenido la oportunidad de cantarla mucho, y por eso me apetecía cantarla, aunque fuera solo una única función: para estar dentro de este personaje una vez más».

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Y hace un par de años, el tenor mexicano hablaba con estas palabras del momento de los bises: «Es muy emocionante. Mucho. Los que ofrecí el año pasado en el MET fueron experiencias increíbles. Es un teatro muy grande, con casi cuatro mil personas. Percibir ese aplauso espontáneo, explosivo, que era -porque así lo sentí y lo viví-, no solo un aplauso para el cantante, sino algo mucho más trascendente, es muy especial. Para mí fue poder hacer con la música eso que todos los artistas queremos hacer: tocar el alma, esas fibras del corazón que solamente con la música se pueden tocar. Que toda esa masa de gente haya comulgado contigo en ese momento y haya recibido con el corazón, y no solo con los oídos, el mensaje que les has querido transmitir como personaje, convierte el aplauso en un acto más de gratitud que de reconocimiento, y así se percibe. La atmósfera es distinta, el momento es mágico: ese público explotando en aplausos, en gritos… Parecía un estadio más que un teatro de ópera. Es uno de los momentos más bellos que me ha tocado vivir».

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