Iveth, la rapera justiciera | Planeta Futuro

“Vives como los críos, en un gozoso estado de emoción continua”, apostillaba una querida amiga el otro día, con más razón que un mártir. Resulta que, de dermis para adentro y sin potingues, me estoy quitando décadas de encima. Nada se me había perdido en Mozambique, donde rastreando sin premeditación, coincido con mucho de lo perdido. El colmo de la serendipia.

Fundación Mozambique Sur, la ONG mentora de mi aventura en África, prepara para el 12 de mayo un festival de Hip Hop, allá en Madrid. Las ganancias se trocarán en becas para estudiar Bellas Artes aquí, en el país de las sonrisas. Me piden, como apoyo, que entreviste a algún rapero del lugar. Investigo. Doy con una mujer que me fascina. Una famosa rapista, como dicen en portugués a las pocas féminas que se atreven a irrumpir en el territorio de los gallos.

Se llama Iveth, y además de rimar por la justicia social, practica la equidad tanto en su despacho de jurista, como en las aulas universitarias donde enseña. También preside la Comisión de Derechos Humanos de la Orden de los Abogados. Leo que se trata de una gladiadora femenina, feminista y feminizante. En 2011 participó en un documental que os recomiendo, Voces desde Mozambique, de Susana Guardiola y Françoise Polo. Cinco historias de mujeres a partir de la guerrillera revolucionaria, Josina Machel, primera esposa del presidente que estrenó este país libre del colonialismo portugués, en 1975, Samora Michel. Josina murió en 1971, un 7 de abril, desde entonces, Dia da Mulher Moçambicana.

Contacto con Iveth y acordamos encontrarnos en su domicilio. Vive alejada del centro de Maputo. Cerca del mar, en una de esas casas africanas de ventanas con rejas y un pequeño jardín, que resisten el embate colonialista del siglo XXI: la burbuja inmobiliaria China. De un tiempo a esta parte, los asiáticos edifican cualquier cosa solo para acaudalados, (además del aeropuerto de Maputo), a cambio del gas y otras riquezas naturales descubiertas al norte del país. Revelaciones de la tierra que habrían de paliar el hambre en el tercer país más pobre del planeta, pero acaban en manos diferentes. Mucho más ávidas. Menos necesitadas.

Acudo en la grata compañía de un grupo de Gaiatos (de Casa do Gaiato), entusiasmados de conocer mejor a Iveth. Pruebo varias veces la videocámara que Canon ha regalado a los chicos, para asegurarme de que todo irá bien. Cuando le pregunto a Iveth, lo que sabe de España, me descubre que es la jurista encargada del caso, Eva Anadón, la cooperante española recién expulsada de Mozambique, por participar, presuntamente, en una marcha ilegal contra los abusos sexuales a las niñas.

Iveth, la justiciera en verso y prosa, nos relata. “No hubo tal manifestación. Se trataba de una pieza teatral que no llegó a representarse. Eva fue expulsada sin derecho a defenderse. Sin condena firme, ni documento alguno que legitime la deportación. Como abogada no pude hablar con ella. Gran violación de los derechos humanos y civiles”.

Le cuento que un periódico español, se atrevió con un repugnante titular. “Deportada por defender la minifalda”. Está al tanto. “Aquí también se llevó el asunto al largo de las faldas del uniforme escolar femenino. Quieren que les llegue hasta los pies, para no tentar a los hombres. ¿Combatimos así un asunto donde las víctimas son ellas? No soy apologista de faldas cortas o largas. Soy apologista de la dignidad de la mujer. Eva Anadón no ha sido tratada dignamente. Ahora está en España, y nosotros vamos a recurrirlo todo, al margen de las reclamaciones diplomáticas. Mientras ella no podrá volver en diez años, tenemos a un hombre que estupró a ocho niñas, y en un par de años saldrá de la cárcel. Nadie ha considerado su expulsión. La violación de los derechos de las mujeres es constante. El 50% se casa prematuramente, y son madres desde los 14 años. Eso genera desigualdad en la escolarización, lesiones físicas, y vulnerabilidad ante la violencia machista. Todo, porque vivimos en una sociedad patriarcal”.

Iveth adora escribir, y reconoce que despacho y escenario se retroalimentan. “Siendo abogada conozco mejor las injusticias, y el rap me enseña a acercarme a quienes me necesitan”.

La tarde pasa al ritmo estimulante y sincopado de sus composiciones. Es hora de marchar. Iveth se dirige con ternura a los gaiatos. “Aunque vuestra vida ha sido dura, yo no os veo como víctimas. Sois muchachos preparados para afrontar cualquier futuro”.

Y, de repente, pícara, cómplice, y hasta maternal (Iveth nos confesó que ya “ha llamado a la cigüeña”), añade: “Escoged bien el momento para enamoraros. Y, no olvidéis usar preservativo. ¿Me entendieron?” Pausa para repetir. “¿Me entendieron?”.

Cuando el asombro les desbloquea la voz, dicen que sí.

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