Invidentes ante un virus contagioso y desconocido

De los 14 años que vivió sin ser ciega, Naomi recuerda las caras de su mamá, de su papá y la de sus familiares más cercanos, su bicicleta, algunas escenas del colegio en el que estudiaba, los coches circulando por la carretera y el color del agua. “Es azul”, dice. Beauty, que es más bromista y risueña, la corrige; “¿Cómo que azul? El agua es incolora”. Después ambas discuten en ewé, la lengua materna de la región Volta, en Ghana, y la tierra natal de ambas jóvenes, de 24 y 25 años respectivamente. Cuando parecen haber llegado a un consenso, Naomi vuelve a tomar la palabra. “Bueno, sí. El agua es incolora… Y un poco azul también”.

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