Innovación y creatividad, dos armas para el talento | Actualidad

El nexo de unión entre Enric Sala, explorador residente de National Geographic; Itziar de Lecuona, subdirectora del Observatorio de Bioética y Derecho-Cátedra UNESCO de Bioética de la Universidad de Barcelona; y Miguel Luengo-Oroz, científico jefe de datos en la iniciativa Global Pulse de la ONU, es que los tres buscan, con su trabajo, un impacto positivo en el mundo. Así se lo transmitieron a los más de 7.000 alumnos de segundo de Bachillerato y Formación Profesional de toda España que se conectaron a la séptima edición, virtual, de EL PAÍS con tu Futuro (EPCTF). El evento, organizado por EL PAÍS y la Fundación Santillana y disponible íntegramente en la web, permitió a los asistentes escuchar a 40 ponentes de altísimo nivel hablarles, en primera persona, mediante charlas de siete minutos, de sus inicios, su formación, sus logros, sus errores. ¿Objetivo? Ayudar, orientar, inspirar a una joven audiencia en una edad (entre los 16 y los 18 años) en la que la pregunta «¿qué quieres ser de mayor?» puede resultar opresiva.

El foro, patrocinado por Santander, Bayer, ESIC, Universidad Carlos III, UNED, Fundación Incyde y el Fondo Social Europeo, lanzó un «Persigue tu sueño, sé curioso y, hagas lo que hagas, deja un impacto positivo en la sociedad». Un mensaje transversal que traspasó las tres salas de ponencias: de ciencia; de empresa, humanidades y profesiones creativas y de tecnología e ingenierías. Enric Sala, biólogo marino de formación, cuenta, desde la pantalla dedicada a la ciencia, su infancia inspirada por Félix Rodriguez de la Fuente y Jacques Cousteau. Después de una década como profesor en la Universidad de California, se dio cuenta de que no era feliz. «Tenía un despacho que miraba al Pacífico, pero lo único que hacía era escribir la esquela mortuoria del mar con más y más precisión». Abandonó la academia para dedicarse a la conservación, a la cura, «a restaurar la biodiversidad de los océanos antes de que sea tarde».

Transferencia de conocimiento

Desde la sala de humanidades, Itziar de Lecuona, doctora en derecho y profesora en la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona, explicó cómo su trabajo académico y en comités de ética o en investigación ha permitido regular cuestiones como la eutanasia, el inicio de la vida, analizar los impactos de la inteligencia artificial o los vacíos legales y aspectos éticos de la reproducción humana asistida. Su labor consiste, simplificándola mucho, en analizar las implicaciones éticas, jurídicas y sociales del impacto de la biotecnología y y la biomedicina (terapia celular, edición de genes) en la sociedad. Según defendió, tan importante como pensar es transferir el conocimiento. «La Universidad tiene como misión transformar la sociedad», afirmó.

«Los datos son el poder; con ellos se pueden hacer cosas buenas y malas. Nuestra responsabilidad es usar esos datos para el bien», saludó Miguel Luengo-Oroz, ingeniero de telecomunicaciones y de minas, máster en ciencias cognitivas, creador de un robot que escribe poesía, a los «futuros directores de orquesta de algoritmos» conectados a su charla, en el escenario de la tecnología y las ingenierías. Buenas acciones como las que su equipo de científicos de datos realizan desde la ONU: llevar agua potable a un campo de refugiados en la frontera entre Jordania y Siria con el mismo algoritmo que usan Uber o Cabify para saber qué taxi te va a ir a buscar; utilizar inteligencia artificial para analizar imágenes por satélite de las regiones más afectadas por un desastre natural; desarrollar modelos epidemiológicos para orientar sobre cómo abrir las instituciones educativas en un contexto de pandemia; seguirle la pista a las noticias falsas y atacarlas. «Tengo la fortuna de ser el primer científico de datos con pasaporte diplomático», se enorgullece.

Toda la formación y el conocimiento en Inteligencia Artificial que atesora Belén Ruiz Mezcua, catedrática en Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial de la Universidad Carlos III (UC3M), lo vuelca en ayudar a que la educación sea accesible a todas las personas, en su faceta de directora del Centro Español de Subtitulado y Audiodescripción (CESyA). «Desarrollamos sistemas de reconocimiento de habla, y sistemas que sustituyen los canales auditivos», informó, como el que posibilita escuchar música a través de la piel. «Son campos muy amplios y creativos», subraya. Todo el bagaje de Paco Conde tras 20 años en publicidad lo ha volcado en su agencia Activista, que ha fundado para «ayudar a marcas y organizaciones a generar un cambio social».

Cambio de actitud

Conde repasó cómo se ha transformado la actitud de las marcas respecto a las personas —primero las consideraban consumidores, después fans, ahora aliadas—, y opinó que un creativo activista «debe ayudar a una marca a dar motivos a las personas para comprarla a ella y no a su competencia, porque su impacto en el mundo es más positivo que el de su competencia». Y añadió: «Hemos de hacer que las empresas entiendan su propósito y su contribución al planeta». La Tierra, y en particular la grave amenaza del cambio climático que pende sobre ella, centró buena parte de las charlas de los ponentes, sobre todo de la parte científica. El equipo de Beatriz Roldán, doctora en física y en química, directora del Instituto Fritz Haber de la Sociedad Max Planck (en Berlín), busca nano-materiales que actúen como catalizadores para convertir el dióxido de carbono en productos químicos y combustibles, a través de procesos de fotosíntesis artificial.

El biólogo y genetista evolutivo Moisés Expósito-Alonso, científico del Instituto Carnegie y profesor de Biología en la Universidad de Stanford, investiga sobre las mutaciones genéticas que proporcionan a una planta una mayor resiliencia ante la sequía. «Este año, solo en California han ardido sobre tres millones de campos de fútbol de bosques; nos queda menos del 50% de arrecifes de coral; y mucho bosque mediterráneo se está transformando en desierto», contextualizó la grave crisis climática. Mientras que Daniel Ibáñez, arquitecto, urbanista, doctor en diseño en la Universidad de Harvard, director del máster en edificios ecológicos avanzados del Instituto de Arquitectura Avanzada de Cataluña y consultor senior en el Banco Mundial, proyecta edificios contra el cambio climático, defendió la madera contrachapada (proveniente de plantaciones forestales y no de bosques vírgenes) como el elemento constructivo del futuro.

Ichthion ha desarrollado tecnologías capaces de extraer plásticos de las cuencas hidrográficas. «Entre el 60% y el 80% de los plásticos que terminan en los océanos viajan a través de los ríos; entendimos que había que hacer algo en esa fase», argumentó Inty Grønnenberg, su consejero delegado y presidente de su Fundación Circular. Gronnenberg, científico e inventor, trabaja con un equipo multidisciplinar, de manera colaborativa. «Los inventos no se logran a nivel individual», aseguró. Invita a emprender con propósito: «Nos encontramos en una década muy importante en la que la humanidad ha de dar el cambio de una economía lineal a una circular; esto abre oportunidades para las nuevas generaciones y futuros inventores que quieran generar innovación; porque los inventos comercializables son innovación».

Pasión por la investigación

«Me gusta pensar que soy un detective: investigo patógenos, sobre todo virus, que se convierten en asesinos en serie». Así se presentó Adolfo García-Sastre, director del Instituto de Salud Global y Patógenos Emergentes, y profesor en los departamentos de Microbiología y Medicina del Hospital Monte Sinaí, en Nueva York. «Estamos interesados en averiguar cómo funcionan los virus peligrosos, los que matan gente, para poderlos detectar y detener a través de tratamientos o vacunas», describió. García-Sastre resalta la importancia de la comunidad científica, de cómo las investigaciones se apoyan unas en otras. «Si te obsesiona cómo funcionan las cosas y te emociona pensar que vas a ser el primero en descubrir algo, ¡adelante! Da igual el sitio, siempre que cuentes con los recursos necesarios», animó.

Terminan las ponencias de EPCTF. En una suerte de pizarra virtual aparece una propuesta: «Escribe en una sola palabra cuál será tu profesión en el futuro». Hay periodismo, comunicación, criminología, investigación, ciencia, docencia, cine, política. Pero asoma, y mucho, el «No tengo ni idea». A los dubitativos quizás les convendría mirarse, si no lo han hecho ya, la charla de Ana Maiques, consejera delegada de Neuroelectrics. Aunque no vayan por ciencias ni les interese la neurotecnología ni el gorro inalámbrico que lee la actividad cerebral, inyecta pequeñas corrientes eléctricas y se está utilizando en pacientes con Alzheimer o epilepsia. Porque lo que Maiques recomendó es «dejarse llevar por los sueños». Aunque estos no conducen (avisó de antemano) por un camino recto.

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