«Ignacio nos dijo que asumiría el riesgo si había un atentado»

El españolIgnacio Echeverría tenía 39 años cuando un 3 de junio de 2017, con su monopatín en Londres, decidió no quedarse quieto ante un ataque terrorista. Tres yihadistas, ataviados con lo que parecían cinturones explosivos, estaban cometiendo una matanza en plena calle. Con saña apuñalaban a una mujer por la espalda. Pero Ignacio no salió corriendo por donde hubiéramos hecho el común de los mortales, sino en dirección contraria. Se enfrentó contra ellos con el único arma que tenía en esos momentos: su tabla de skate. Le costó la vida. Pero ganó esos minutos cruciales para que llegara la Policía y esos malnacidos no siguieran haciendo de las suyas.

Ese mismo mes una asociación cívica, Voceando por ti Sevilla, pedía que la plaza detrás de la estación de autobuses —donde se reúnen los jóvenes para hacer sus acrobacias encima de una tabla con ruedas—, llevara su nombre. Como no tenían representación política fue el PSOE del Distrito Casco Histórico el que lo propuso. Y se aprobó por mayoría. Hoy sábado el padre y la madre de Ignacio descubrirán el nombre de su hijo y verán el mural que los grafiteros le han dedicado.

ABC ha podido hablar con Joaquín Echeverría, el padre del héroe del monopatín quien afirma que «no es la primera plaza de skate que le ponen a su nombre en España, pero nunca en una ciudad tan importante como es Sevilla». El último homenaje que le acaban de hacer a Ignacio nos lo cuenta como primicia: «Mi hija Isabel acaba de recoger en Londres la medalla de oro de la Policía a la Valentía Pública, la de más alto valor, una medalla que aunque tenía carácter local ahora trasciende al ámbito nacional de Gran Bretaña». Se entrega como reconocimiento de actos sobresalientes de valentía de ciudadanos que hayan contribuido al mantenimiento de la ley y el orden y en apoyo de los cuerpos de Seguridad, según recoge el texto.

Cuando se le pregunta que si Ignacio hubiera hecho lo mismo sabiendo de antemano lo que iba a sucederle, su padre contesta que «es imposible ponerme en la cabeza de Ignacio, pero lo que sí sé es que menos de un mes antes de su muerte comentó que si él hubiera estado con el monopatín cuando un terrorista atentó mortalmente en Westminster, la Cámara de Representantes, contra un policía desarmado, ahora este estaría vivo y alguien le respondió, entonces estarías muerto tú e Ignacio dijo «pues bueno»». «Nosotros —continúa su padre—, hablamos del tema porque era de admirar la actitud del policía enfrentándose a un terrorista sólo con su porra y él resaltó con sus palabras que asumía el riesgo de haber ayudado en ese atentado». Está claro que Ignacio Echeverría estaba hecho de otra madera aunque su padre tampoco quiere que se le mitifique, «todo en él era muy grande, Ignacio no me ha cambiado, tenía sus defectos y sus virtudes, pero no nos podemos inventar otro, yo no veo a Ignacio como un héroe, lo veo como una persona decente». ¿Le molesta entonces que se hable de él como el héroe del monopatín?, le pregunta este redactor. «No, porque entiendo que su acto bueno de generosidad puede ser un ejemplo para la gente joven, por eso colaboro en la medida de mis posibilidades en todo lo que se pueda hacer por él. Además, su atentado me ha hecho estar más cerca de las víctimas del terrorismo. Por ejemplo, participo el próximo 24 de noviembre con Covite, que celebrará el XX aniversario de su fundación en San Sebastián». «Tanto desde el punto de vista institucional como de la Prensa, no debemos más que agradecimientos -continúa-, no es que esto nos vaya a reparar nada porque Ignacio está muerto y sentimos su ausencia, pero reconforta saber que la sociedad en general lo valora como muy positivo. También hemos visto reacciones de personas que piensan que entregarse a la muerte por salvar a otro es una estupidez, pero bueno, son libres de pensar lo que quieran».

Fátima Azmani, la presidenta de la asociación cívica Voceando por tí Sevilla, tiene muy claro por qué pidieron el nombre para la plaza: «Ignacio fue un héroe contra los yihadistas que atentaban por la espalda, como lo han hecho durante muchos años los terroristas cobardes de ETA; por eso cuando las personas pasen por esta plaza verán un símbolo de concordia, de paz y valentía».

«Pensé que había ido al cielo»

El padre de Ignacio cuenta cómo fue el primer aniversario sin Ignacio. Les pilló por casualidad en Londres, su hija y su yerno viven allí, y asistieron a un acto muy emotivo en la catedral con un árbol de homenaje a las víctimas. Joaquín Echeverría no tiene ningún reparo en mostrar la cara religiosa de su familia. Ignacio era miembro de Acción Católica y todas las semanas cuando vivía en Madrid iba a sus reuniones, algo singular; yo cuando ví su cadáver la verdad es que pensé que había ido al cielo y para mí fue un consuelo. Con sus dificultades y con sus problemas pensé que había tenido una buena vida y también una buena muerte y no se puede pedir mucho más».

El padre de Ignacio nos explica por qué se fue a Londres. Cuando trabajaba en España lo hacía en un banco. Hubo una remodelación y se queda sin director. Entonces tiene que afrontar responsabilidades por encima de su función y aprobar operaciones que podían incluso constituir un presunto delito y él se negó. «Le dijeron que estaba poniendo en riesgo su empleo y acabaron por echarlo», explica su progenitor. ¿Perdió su trabajo también por convicciones?, le pregunto. Joaquín Echeverría sonríe, «sí, aunque también pudiera ser por la falta de habilidad para negociar», por quitarle hierro al asunto. La misma sonrisa que le devolverá a su padre y a su madre en Sevilla Ignacio desde arriba para los que creen que la muerte no es el final cuando descubran la plaza con su nombre.

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