Huérfanos de representación

Mientras discutimos demagógicamente sobre la eficacia de democracias y satrapías a la hora de afrontar los retos de la pandemia, quizá deberíamos mirar atentamente al bloque de las democracias, en lugar de plantear dilemas peligrosos. Para nuestra desdicha, mientras Oceanía, Escandinavia o Alemania representan un modelo cooperativo, con una cultura política pactista y mayor capital social y confianza entre gobernantes y ciudadanos, nuestra democracia es mucho más contenciosa y emocional, y se desliza con demasiada facilidad hacia el desgarro divisivo de los conflictos internos. Las primeras, resulta evidente, han sabido digerir mucho mejor la gestión de la crisis, lo que quiere decir que el modelo de democracia importa, y que quizá va siendo hora de replantearnos el nuestro.

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