«Hay páginas y capítulos míos de los que me arrepiento»

Enviado especial a Sharjah (EAU) Guardar

Se dice a menudo de los artistas que son lo que son por hacer cotidiano lo que resulta imposible. Y algo así ocurre con Orhan Pamuk y otros escritores de la Primera División, que cuando intentan explicar su mecánica de trabajo da la impresión de que no están diciendo toda la verdad, pues según lo cuentan hacen que parezca fácil. El Nobel de origen turco reunió a unas 400 personas en la jornada inaugural de la Feria Internacional del Libro de Sharjah (Emiratos Árabes) y se sinceró sobre su obra y sus preocupaciones: «Cuando escribo no pienso en el mercado, sino en las personas con las que me gustaría tener una relación poética», aseguró.

En su afán por ser algo más que una postal repleta de rascacielos, Emiratos Árabes (que acogerá en Dubai la Expo del año 2020) invierte mucho para dar su mejor versión en esta feria. Tanto, que para combatir las temperaturas extremas del exterior mantiene un aire acondicionado pertinaz –casi hostil– en el interior. Si fuera un cónclave de cantantes de ópera o musicales habría más bufandas que taburetes.

Antes de comenzar su conferencia, Orhan Pamuk capturó una panorámica de la sala con su teléfono móvil. Fue un gesto de pequeña vanidad que le humanizó, un detalle con el que confesó sin palabras que aún le sorprende su propia influencia. Pamuk es un autor al que sus amigos de juventud acusaban de «burgués» por no tener otra ambición que vivir de lo que escribía en casa. «Vengo de una familia de ingenieros: mi abuelo, mi padre, mi tío… Lo suyo es que hubiera terminado mis estudios en la misma escuela de arquitectura o de ingeniería que ellos (de hecho los empezó), pero a los 22 de repente elegí que quería escribir novelas», contó Pamuk, que ya resumió esta circunstancia vital cuando compartió mesa y conversación con Mario Vargas Llosa en Madrid a comienzos de 2016.

«Hay tantos amigos escritores en la cárcel que me da vergüenza discutir sobre mis problemas. Tengo la voluntad de decir la verdad, pero también necesito vender libros»
Orhan Pamuk , escritor y Nobel de Literatura

«La novela nos da la posibilidad de escapar y pensar profundamente al mismo tiempo», resumió el autor, que ha hecho de Estambul el epicentro de su obra y de sus problemas, pues siempre estuvo en el radar de las autoridades por criticar su actitud con los kurdos. «Hay tantos amigos escritores en la cárcel que me da vergüenza discutir sobre mis problemas», reconoció entre aplausos. «Tengo la voluntad de decir la verdad todo lo posible, pero también necesito seguir vendiendo libros. Y esto necesita equilibrio».

Sobre su visión del negocio, Pamuk fue igual de honesto. A pesar de reconocer esa necesidad de «seguir vendiendo», dijo no estar muy pendiente de qué temáticas pueden epatar más o menos. Al final, figurar en el palmarés del Nobel es un buen quitamiedos. «Cuando escribo no pienso en el mercado», aseguró con cierta vehemencia. «Lo hago para quien me lee, y tengo la sensación de haber creado un pequeño club de lectura».

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Esa reflexión contrasta con la opinión que él mismo tiene de su obra. A los que viven de escribir les ocurre a menudo: pasan de la admiración al rechazo y la resignación en cuestión de días. Orhan Pamuk dijo no arrepentirse de ninguno de sus libros, pero sí reconoció que hay páginas y capítulos que le generan cierto malestar tras una segunda (o décimo segunda) lectura: «A veces, a las dos semanas de publicar un libro, me arrepiento. Estos son algunos de los remordimientos más profundos», aseguró.

Pamuk firma ejemplares de sus libros en Sharjah – J. S.

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