Guille y Belinda, del despertar de la adolescencia a la madurez | Babelia

En General Guido, a 300 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires por la Ruta 2, queda la remota granja donde en 1999 la fotógrafa Alessandra Sanguinetti (Nueva York, 1968) conoció a dos niñas: Guille y Belinda. Eran primas, tenían nueve y 10 años, respectivamente, y crecían juntas en la estancia de sus abuelos. Día tras día, a través de juegos y vivencias, se convertirían en inspiración para la artista. Vivían en un entorno muy humilde pero para ellas era un palacio. Yo quería fotografiar ese palacio. Su mundo interno», asegura Sanguinetti que en 2007 pasó a formar parte de la agencia Magnum y cuya obra se encuentra en grandes colecciones como la del MoMA. Se estableció así una íntima y fructífera relación entre ellas, que prolongada a través de 20 años ha dado forma a una serie fotográfica, aún en curso, reunida en dos monográficos de los cuales la editorial británica MACK acaba de publicar el segundo volumen: The Adventures of Guille and Belinda and The Illusion of an Everlasting Summer (Las aventuras de Guille y Belinda y la ilusión de un verano eterno).

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