Gregori, el hijo de Semon

No recuerdo mi vida sin Paulino Robles. Ya estaba en Semon cuando yo nací y por lo tanto no puedo hablar o escribir sobre él sin considerarlo mi familia. Fue el más refinado de los trabajadores que mi abuela tuvo, el que más se esforzó por ir definiendo un estilo propio, tanto en su modo de trabajar como el de vivir. Podía hablar con reyes, presidentes, grandes empresarios y artistas acertando siempre el registro, entendiendo lo que querían y sabiéndolo realizar. Son cosas que solemos dar por descontadas, pero que entrañan una enorme dificultad y son de un altísimo mérito, y más para quien no tuvo de joven -empezó a trabajar jovencísimo- la oportunidad que los chicos de hoy tienen de formarse.

Me gustan los hombres como Paulino. Hay que ser muy valiente y tener un sentimiento muy claro de lo que es tu compromiso para luchar incansablemente y durante tanto tiempo hasta conseguir lo que quieres. Por ello -y a pesar de la lógica tristeza– estuve muy contento cuando supe Paulino y su hermano Pedro se quedarían con Semon tras la quiebra en la que se hundió cuando mi madre quiso demostrarle a mi abuela que era mejor que ella.

Bajo la dirección de Paulino, no sólo Semon ha vuelto al nivel de sus años de esplendor -he visto ya la carta de los platos navideños y es extraordinaria- sino que se ha abierto con admirable determinación a nuevos retos. Es el caso de Gregori -en honor del santo, hacedor de milagros, que da nombre a la plaza-, un nuevo concepto basado en una gran barra que sirve comida y bebida desde las 12 de la mañana a 1 de la madrugada, ininterrumpidamente. Es un concepto informal, pero con todos los detalles minuciosamente cuidados; se dirige a todos los públicos pero interpela muy directamente al más joven, para ayudarle a crecer entendiendo que la calidad no tiene por qué ser carísima y que el lujo nunca es un objeto sino una idea. Gregori encarna este concepto nuevo pero sin dejar de ser sensible a lo que Semon es y ha representado siempre.

Paulino conoce a sus clientes y tiene igualmente claro a qué público quiere incorporar con su recién estrenado local, amplio y luminoso, confortable, muy bien decorado pero sin florituras innecesarias, y con distintos ambientes -también hay algunas mesas al final de la gran barra.

Con el chef japonés

La cocina remite al mundo Semon aunque con aportaciones tan distinguibles como un chef japonés para preparar toda clase de niguiris. Los clásicos no faltarán, con alguna sorpresa. Gregori tiene también algo de «take away», con una pequeña pero notable selección de productos de la casa madre, sobre todo para solventar imprevistos de última hora, cuando la tienda ya ha cerrado.

La gran aventura que empezó en 1962 una mujer abandonada por su marido, con una hija y sin nada más que su talento, su empeño y su esfuerzo -poca gente sabe que mi abuela, al no tener dinero, al principio, para pagar el alquiler de Semon y de un piso, dormía con mi madre en un rincón de la cocina- continúa brillantemente de la mano de sus dos mejores trabajadores y desde la semana pasada con la incorporación emblemática del flamante Gregori.

Cierra los lunes. Tiene cerca el parking de Piscinas y Deportes. A escasos 50 metros de Cinesa Diagonal. Dispone de mesas para grupos -y pronto tendrá algunos reservados. El padre Francesc Xavier Bisbal Talló bendecirá el local la semana que viene.

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