Gracias, Woody, por hacernos soportable todo eso

Más que leer, galopo por las páginas de las memorias de Woody Allen, eufórico por reencontrarme con la neurosis, la inteligencia y la gracia del único mito de la cultura occidental que tiene forma de alfeñique, pese a que su influencia sea la de un Aristófanes. Ralentizo el trote en los pasajes donde la comedia se vuelve tragedia y me entristezco mucho al constatar otra vez el final oscuro que está teniendo una vida que ha iluminado tantísimas otras. Pero incluso ahí, su genio de contador de historias consigue que todo tenga un sentido y la escandalera se explica como la consecuencia lógica de ser un panoli (sin recrearse en exceso en la autocompasión, algo que no le pegaría nada).

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