Gipuzkoa, leyenda ballenera

Un tren de mercancías zumba en la ladera pocos metros por encima del puerto. En los edificios colindantes, siete obreros trajinan sobre un andamio mientras grúas estibadoras elevan contenedores del interior de un par de barcos. El sol es tenue y abunda la nube gris sellando una arquetípica estampa industrial. En Pasaia (Pasajes, en castellano) se trabaja en, por y para el mar. Este pueblo guipuzcoano emana una densidad dickensiana y guarda un tesoro consecuente que se puede visitar subiendo al barquito que zarpa del puerto y amarra en el recodo de la bocana al filo del mar abierto: los astilleros de Albaola.

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