Fútbol de impacto de la primera mujer piloto de la Armada | Pienso, Luego Actúo

Una mujer con VIH marca un gol. No saldrá en el telediario, no podrá celebrarlo frente a un buen plato de comida y lo más probable es que jamás salga de su pequeña aldea en Uganda, donde muchos todavía piensan que se contagiarán del virus si se le acercan demasiado. Pero cuando una de sus compañeras le pasa el balón se siente capaz de todo. La rudimentaria pelota hecha de fibras de banana se eleva sobre el polvo y entra en la portería. Por un momento estalla la felicidad. Se llama Janet y está jugando con otras mujeres portadoras de VIH de la Hope House Foundation, un colectivo autogestionado donde Patricia Campos ha impulsado la creación de un equipo de fútbol. Después del partido podría parecer que todo sigue igual: la extrema pobreza, la brecha de género que surca su contexto, la falta de salud y de oportunidades… Pero algo ha cambiado gracias a ese pequeño momento compartido. Se siente poderosa, querida, feliz.

A más de 5.000 kilómetros de distancia, en Valencia, una mujer víctima de violencia machista experimenta una sensación similar a la de Janet. Jamás le interesó el fútbol y los deportes se le dan regular, pero contra todo pronóstico, está disfrutando como la que más. Al comienzo del partido se queda cerca de la portería sin saber muy bien qué hacer. Patricia la anima a subir al centro del campo, donde la necesitan. De repente, tiene un balón entre los pies. Con los nervios, acaba facilitando una jugada a favor del equipo contrario, pero sus compañeras no paran de pasarle la pelota una y otra vez mientras sonríen. Al acabar, no cuentan los goles y celebran la victoria de sus contrincantes como si fuera propia. Volverá a jugar con otras mujeres supervivientes al maltrato como ella, con personas diagnosticadas con enfermedad mental como las que han defendido la portería o con los jóvenes migrantes como los que acaban de enseñarle que los mejores regates siempre acaban con un pase al compañero.

Quien ha hecho posible estas y otras muchas escenas es Patricia Campos (Onda, Castellón, 1967), la expiloto militar que se propuso empoderar a personas de los colectivos más vulnerables a través del balón: “Goals for Freedom es practicar deporte con perspectiva de género y siempre buscando la igualdad. Intentamos transmitir valores como autoliderazgo, empoderamiento, confianza, autoestima, respeto a unas normas, respeto al propio compañero”, explica.

¿Y si las niñas son lo que quieran ser?

No se cansa de repetirlo: “Los sueños están para cumplirlos. Si quieres algo desde el fondo de tu corazón, al final lo vas a conseguir”, asegura Patricia. Y resulta imposible no creerla, porque así lo ha demostrado mediante el ejemplo una y otra vez, sueño tras sueño, meta tras meta.

De pequeña quería ser futbolista o piloto: “No, tú estás confundida, tú lo que quieres ser es azafata”, le decía su abuela. Para aquella mujer, nacida en 1916, era impensable imaginar lo que acabaría logrando aquella nieta a la que tanto le gustaban las “cosas de chicos”. Patricia no se convirtió en azafata, sino en la primera mujer que pilotó un reactor de la Armada Española, pero el poso de aquella mentalidad aún permea la percepción de las nuevas generaciones: “¿Yo también puedo ser piloto?”, le preguntan las niñas y adolescentes durante las charlas que da en colegios o institutos. “Las mujeres podemos cumplir nuestros sueños porque estamos capacitadas para ello. El día que cambiemos la educación, que tengamos mujeres referentes y que las niñas se vean capaces de conseguir sus sueños, todo será diferente”, opina Campos.

Considera que aún queda camino por recorrer para alcanzar la igualdad, y prueba de ello son las situaciones que ella misma afrontó durante su trayectoria: “El problema de las mujeres en profesiones masculinizadas es que ellos te ven como un objeto, no te ven como una profesional. Entonces, tienes que demostrar lo buena que eres 24 horas al día, siete días a la semana, 31 días al mes, 365 días al año. Y si lo haces bien, según su criterio, eres la excepción que confirma la regla, y si no, mujer tenías que ser”, explica Patricia.

En 2016, tras abandonar el Ejército, comenzó una nueva vida como entrenadora de fútbol en California, a sabiendas de que en España aún era imposible vivir del fútbol femenino. Había encontrado una nueva vía para dar rienda suelta a su pasión, pero faltaba una pieza que diera sentido a su propósito. La vocación solidaria que descubrió de niña gracias a su madre y como voluntaria en organizaciones sociales en la universidad retornó con una potencia renovada: “Decidí marcharme a Uganda porque vi que podía transmitir todo lo que yo había vivido y luchado a otras mujeres”, cuenta la expiloto. ¿Por qué eligió ese lugar y no cualquier otro?: “Entre otras cosas, por la situación de las mujeres y niñas en este país. La vida de una mujer en África, y especialmente en un país como Uganda, no es fácil. Ya sé que para nosotras tampoco es un camino de rosas, pero allí es todavía peor”.

Sororidad sin fronteras

Cogió unas botas, un balón y se plantó en Uganda, un país en el que el 25% de las adolescentes están embarazadas o han tenido hijos, donde 26 mujeres son violadas cada día, donde los matrimonios forzados son la principal causa del abandono escolar, donde viven 1.300.000 personas con VIH… En zonas rurales como Kajjansi, la aldea a 60 kilómetros de la capital Kampala a la que llegó, el machismo y la extrema pobreza amenazan con truncar futuros. “África me cambió. Mi cuerpo dejó de ser solo mío. Juraría que había nacido hacía tiempo, pero no era así”. De esta manera describe Patricia su llegada al continente en su autobiografía Tierra, mar y aire (Roca Libros, 2016).

Aquí, a muchas mujeres les han dicho que no sirven para nada. Yo les digo: ‘No, os han engañado; servís para mucho’”. Se lo explica a mujeres con VIH como Janet mientras juegan un partido, a los niños y niñas de la escuela Hill Land Primary School –donde, además de entrenar, también enseña idiomas, da clases de primeros auxilios y facilita donaciones de material escolar y deportivo–. Se lo dice a niñas como Nakate Juliet, Nakato Mary, Nogwowuma Mariam y Anyango Noel, que podrán seguir yendo a la escuela gracias a los fondos recaudados por la organización. Descubrió que son necesarias muchas cosas, empezando por medidas que garanticen derechos básicos entre la población, pero se negó a contemplar la injusticia quedándose de brazos cruzados: “Yo sé lo que el deporte me ha aportado a mí durante toda mi vida: amistades, situaciones súper bonitas, y veo que a ellas también les da eso. Les aporta valores que luego los transmiten a sus familias y a sus comunidades, y a mí eso es lo que me llena de alegría”, asegura Patricia.

La zona mágica

En Kajjansi encontró lo que ella llama su “zona mágica”, y desde que abrió los ojos, no quiere cerrarlos. “Cuando vi el poder transformador y social del deporte en Uganda pensé que en Valencia también hay mujeres que necesitamos cariño, que necesitamos sentirnos importantes y especiales para alguien. ¿Por qué no hacer un Goals for Freedom aquí?”. Ahora, cuando no está en Uganda, Patricia continúa su labor en Valencia jugando al fútbol con mujeres víctimas de violencia machista, personas con enfermedad mental, personas migrantes y con todo el que quiera participar en sus pachangas.

Con cada partido está cambiando la percepción que las personas tienen sobre sí mismas y bastan unos minutos para sentir en carne propia el poderoso efecto de su fútbol. A sus 65 años y con una muleta, María Ángeles Bergón no se pierde un partido y expresa con claridad el sentimiento generalizado: “Patricia hace que te sientas parte de una familia. Aquí no importa la edad, la raza ni el sexo; importas tú. Es un ejemplo a seguir porque ha sido una luchadora y hace que también nosotros lo seamos. A mí me ha dado vida. Es algo que nos pasa a todos los que la conocemos”.

 

Contenido adaptado del vídeo de Patricia

00:00

(Patricia Campos) Siempre he tenido que demostrar un poco que yo podía jugar al fútbol y que yo podía volar, ¿no? Era lo que me gustaba y es por lo que luché.

00:08

(Voz en ‘off’) ¿Y si el fútbol cambiara vidas? Patricia Campos es la expiloto militar que ahora empodera a niñas y mujeres en riesgo de exclusión a través de Goals for Freedom.

00:21

(Patricia Campos) Estudiando mucho, con muchas perseverancia conseguí ser la primera piloto de reactor de la Armada española.

00:27

(Patricia Campos) Después de muchos años decidí dar un cambio de rumbo a mi vida y me marché a EE UU para formarme como entrenadora de fútbol.

00:34

(Patricia Campos) Siempre había hecho voluntariado, pero quería hacerlo en lugares donde las necesidades básicas no estuvieran cubiertas.

00:40 PATRICIA CAMPOS

(Patricia Campos) Y encontré Uganda, donde a las mujeres no se les permite estudiar, no se les permite practicar deporte.

00:44

(Patricia Campos) Me marché a Uganda con un balón, con unas botas de fútbol y monte la ONG Goals for Freedom.

00:51

(Patricia Campos) Conseguí montar un equipo de niñas, otro de niños y otro de mujeres con sida.

00:55

(Patricia Campos) Es difícil porque la temperatura en Uganda es altísima, no hay agua, no hay zapatos, son personas enfermas la mayoría de sida y, a pesar de eso, corren más que nosotras, ¿no?

01:05

(Patricia Campos) Nos lo pasamos en grande, cuando marcan un gol parece que sea la final de la Champions y a mí pues me llena de felicidad ver las sonrisas en su rostros.

01:15

(Patricia Campos) Cuando descubrí lo que hace el deporte no profesional, cómo te cambia la vida, cómo te llena de energía y, sobre todo, cómo te da esa felicidad que antes no tenías, digo: “Esto es lo que yo quiero, esta clase entrenadora quiero ser yo”.

01:28

(Patricia Campos) Y pensé: «¿En Valencia también hay mujeres que necesitamos sentirnos importantes y especiales para alguien? ¿Por qué no hacen un Goals for Freedom?».

01:35

(Patricia Campos) En Valencia, donde mujeres víctimas de violencia machista, personas con enfermedad mental y personas migrantes nos juntamos y hacemos una pachanguita, en la que prima la deportividad, el buen rollo y, sobre todo, intentamos darnos y recibir felicidad y cariño.

01:48

(Patricia Campos) La misión de Goals for Freedom es trabajar el empoderamiento femenino, la autoconfianza, el liderazgo y los valores de deportividad que tiene el deporte.

01:56

(Patricia Campos) Intentamos, mediante el fútbol, también darles un poquito de educación y encauzarlos hacia la escuela.

02:01

(Patricia Campos) Cuando llega una niña, que la escolarizamos, para mí representa que esa niña tendrá un futuro más digno del que se supone que debería de tener.

02:08

(Patricia Campos) Los sueños están para conseguirlos y es muy injusto que nosotros veamos una posición tan cómoda y otras mujeres y niñas, en otras partes de este planeta, no lo vivan así.

02:15

(Patricia Campos) Y si podemos ayudar nosotras, ¿por qué no hacerlo? Está en nuestras manos, entre todos, y en una comunidad de solidaridad se pueden conseguir muchísimas cosas.

 

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