Francia se blinda con 90.000 efectivos ante una nueva protesta de los chalecos amarillos

Emmanuel Macron ha movilizado a 89.000 soldados, antidisturbios, gendarmes y policías para intentar disuadir o neutralizar la nueva jornada de corte de carreteras, manifestaciones y batallas campales orquestadas por el movimiento de los chalecos amarillos, que se ha dividido entre militantes hostiles a la violencia y militantes partidarios de la «revolución nacional». Édouard Philippe, jefe de Gobierno, recibió anoche a una delegación del colectivo chalecos amarillos «libres», hostil a la violencia, varios de cuyos miembros han hecho un llamamiento pidiendo la no participación en las manifestaciones de París, que denuncian como una «ratonera».

A la misma hora que el primer ministro recibía a los chalecos amarillos «libres», el Ministerio del Interior hacía llegar al Elíseo un análisis sobre la radicalización «extrema y revolucionaria» de muchos chalecos amarillos, con una participación creciente de grupúsculos de extrema derecha que dicen desear «derrocar» el régimen, dar un «golpe de gracia a la V República». El análisis de los especialistas de Interior llega a esta conclusión: «Los movimientos de ultraderecha, ferozmente hostiles a las instituciones, utilizan la contestación de los chalecos amarillos y destilan un discurso de tendencia revolucionaria». Agregando: «Las figuras emblemáticas de esa ultraderecha violenta dicen hablar en nombre de la revolución nacional».

Varios de los portavoces de esos movimientos ultraderechistas, violentos, han sido identificados. Yvan Benedetti, antiguo líder de un grupúsculo disuelto, «Obra francesa», ha escrito: «Más allá de la izquierda y la derecha, hay una sola Francia, un solo pueblo, un solo objetivo, el triunfo de la revolución nacional. ¡Viva los chalecos amarillos». Otros líderes emergentes de la ultraderecha, como Hervé Lalin y Alexandre Gabriac, antiguo líder de las Juventudes Nacionalistas, se sirven de la «franquicia» de los chalecos para lanzar proclamas contra la mundialización, contra la inmigración, contra la uniformación de las culturas.

Menos manifestantes, pero más agresivos

Si la irrupción en la crisis de la ultraderecha violenta inquieta mucho al Gobierno, es una evidencia que el movimiento de los chalecos tiene muchos rostros. Jean-Luc Mélenchon, extrema izquierda, invita a la acción, esperando la movilización pacífica.

En la Francia profunda, los chalecos amarillos que cortan carreteras y autopistas no siempre tienen una filiación política clara. Y tampoco se movilizan siempre siguiendo los mismos criterios. Un 68% de los franceses siguen apoyando las reivindicaciones originales, contra el precio de los carburantes y la carestía de la vida. Pero las concesiones del Gobierno ha originado nuevas reivindicaciones, desde la restauración del impuesto a las grandes fortunas hasta la mejora del poder adquisitivo y los servicios públicos en las provincias desfavorecidas.

Ante la división aparente de la parte más visible del movimiento de los chalecos amarillos, el Gobierno de Emmanuel Macron espera este sábado menos manifestantes, pero mucho más radicales y violentos. El 17 de noviembre hubo unas 282.000 personas movilizadas en toda Francia. Una semana más tarde, la cifra de los manifestantes descendió a 166.000. El 1 de diciembre hubo 136.000 manifestantes, pero la jornada culminó con violencias e incendios espectaculares. Hoy se esperan quizá menos de 100.000 manifestantes. Pero el Estado ha movilizado 89.000 efectivos, 8.000 de ellos en París, donde habrá líneas de metro cortadas, establecimientos cerrados y un perímetro de zonas estratégicas en estado de sitio.

Varios grupúsculos han anunciado su deseo de llegar al Elíseo. La izquierda se manifestaban históricamente en las plazas de la Bastilla y la República. Los chalecos amarillos, filtrados por la ultraderecha, han elegido el Arco del Triunfo, que la semana pasada fue profanado con violencia.

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