Fondista y africana, garantía de récord

Cuenta Ignacio Romo que cuando Robert «Bob» Beamon saltó 8 metros y 90 centímetros en los Juegos Olímpicos de México 1968, uno de los entrenadores del equipo estadounidense comentó alucinado: «Lo ha hecho porque no sabía que era imposible». Beamon hizo el salto de su vida y de muchas vidas; mejor dicho, hizo «el salto del siglo», que superaba en 55 centímetros el récord del mundo. Y más de 50 años después aún se le recuerda por eso y se le sigue preguntando: ¿qué hubiera sido de usted de no haber saltado aquellos 8.90? Y Beamon responde: «Quizá habría sido presidente de los Estados Unidos». Y, claro, ahora es fácil de creer después de lo de Barack Obama, pero antes de 2008, ¿alguien se imaginaba a un negro dominando el mundo? Imposible. Pues de eso tratan los récords en el atletismo. La semana pasada dos kenianos, Eliud Kipchoge y Brigid Kosgei, lograron las mejores marcas de siempre en el maratón (aunque la de él no sea oficial por todas las «ayudas» que recibió). ¿Dónde está el límite? ¿Acaso lo hay? ¿Cuáles son los próximos récords que se batirán? Romo, experto en medicina deportiva, dice: «Claramente, donde más margen de mejora veo es en la resistencia femenina». Y añade: «Desde el punto de vista fisiológico, la mujer tiene muchas posibilidades de acercarse al hombre en pruebas de media y larga distancia». Más fácil en fondo Gerardo Cebrián, comentarista en Televisión Española y jefe de prensa de la federación durante 35 años, está de acuerdo y aporta otra perspectiva: «Cada vez más mujeres practican atletismo, el deporte donde la paridad es más cristalina y los premios son los mismos». José Luis González, subcampeón mundial en los 1.500 metros de Roma 1987, también cree que los récords son más asumibles en pruebas de fondo. «Es una cuestión matemática: cuantos más kilómetros, más posibilidades hay de rebajar el crono», dice, y señala otro factor: la gran cantidad de buenos atletas africanos en larga distancia. La estadística dice que en el último ciclo olímpico, desde los Juegos de 2016, las mujeres han logrado el doble de récords que los hombres (ellos han mejorado en 400, maratón y decatlón; y ellas en 100 vallas, 10.000, martillo, 3.000 obstáculos, 400 vallas y maratón). Sin embargo, de la década de los 80 aún persisten dos hitos en hombres y nueve en mujeres. «Todos pertenecen a una época oscura en la que hay muchas lagunas», afirma Cebrián, y desvela que la Federación Internacional (IAFF) llegó a plantearse borrar aquella etapa y solo contabilizar las mejores marcas a partir del año 2000. No lo hizo. «El problema es que (lo que pasó en los 80) no se puede demostrar porque los atletas nunca dieron positivo», añade. El escándalo de Ben Johnson en los Juegos de Seúl 88 significó un antes y un después en la lucha contra el dopaje. A partir de ahí empezaron a hacerse controles por sorpresa, recuerda Romo. González, que fue profesional en aquellos años, considera que se trata de «un terreno muy pantanoso». «No solo hay que quedarse con los 80», dice, poniendo el foco sospechoso en periodos mucho más recientes. Otro aspecto curioso de los récords es la procedencia de quienes los poseen. Por ejemplo, no hay ningún europeo que sea el mejor en carreras. El Viejo Continente ya solo domina en algunos saltos y lanzamientos. «El atletismo es un deporte cada vez más universal. La IAFF tiene 214 países afiliados, más que la ONU. ¿A quién se le iba a ocurrir que un lanzador de Kenia o de Granada iba a ser campeón de jabalina?», afirma Cebrián. Preguntado por un posible resurgimiento de los europeos, Romo no cree en el conjunto, pero sí en grandes individualidades. Menciona, por ejemplo, a los hermanos Ingebritsen o a Karsten Warholm en Noruega. «Y no es ninguna casualidad porque tienen una gran capacidad económica». Finalmente, está la cuestión: ¿los récords caen por una extraordinaria generación de atletas o por puro progreso de la especie humana? «Es una mezcla de ambas cosas; nadie que no tenga una calidad brutal puede batir un récord», dice Cebrián. Romo afirma: «La tecnología siempre va avanzar, el apoyo médico legal también, y esto hace que siempre aparezcan seres humanos que empujan los límites». Y en esto de la tecnología sirve desde la pista sintética, la fibra de carbono en las pértigas y sí, también, las famosas zapatillas de Nike. Pero ese es otro debate. Un plusmarquista español El 1 de marzo de 1986, José Luis González batió en Oviedo el récord del mundo de 1.500 metros en pista cubierta con una marca de 3:36.03. En realidad, lo tenía el irlandés Eamonn Coghlan con 3:35.8, pero la IAFF se lo anuló por un problema con el cronómetro. González, que venía de ser campeón europeo en Madrid, recuerda que el pabellón lleno lo llevó en volandas. Eso sí: «me falló la primera liebre y la pista era más pequeña de lo habitual. Con otro radio, lo habría mejorado aún más».

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