Flota en su voz un aire de tren perdido

Vivimos desde hace semanas en una víspera, algunos más que otros. No sabemos de qué exactamente, pero de algo malo. Confinamiento general, quizá; a lo mejor un meteorito o una lluvia ácida. Todo es posible. Esto ha acentuado la sensación de no saber cuándo una noche será la última noche hasta dentro de mucho tiempo, no saber cuándo una visita a la familia será la última hasta quién sabe cuándo, no saber cuándo esta comida con estos amigos en este restaurante no se podrá repetir porque no es segura la salud, no es seguro el horario y no es seguro el negocio. Y tampoco es seguro, quizá lo menos seguro, que podamos salir de casa.

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