Fieseler, el aviador que trajo a la ‘Cigüeña’

Todo el mundo -bueno, casi todo el mundo- tiene su avión favorito de la Segunda Guerra Mundial. A mí me cuesta decidirme: el Messerschmitt Bf 109, el Spitfire, el Mustang (“¡Cadillac del cielo!”), el reactor Me-262, el Zero… Pero tengo una relación muy especial con el Fieseler Fi 156 Storch (Cigüeña), el famoso avioncito alemán de enlace y reconocimiento que es uno de los aparatos más icónicos y valorados de la contienda, y que transportó tanto a Rommel en el desierto como, con patines, a Von Paulus en la nieve (menos sabido es que Montgomery volaba en uno capturado). Mi tío abuelo llevó otro haciendo de piloto personal de Muñoz Grandes en la División Azul y mi padre escuchó de primera mano de Otto Skorzeny el rescate de Mussolini en el Gran Sasso, una de las acciones más famosas en las que intervino el aparato; nos contaba frecuentemente la historia con una inquietante intensidad que parecía provenir del mismísimo jefe de comandos de las SS. Así que el Storch siempre ha sido como de la familia.

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