Feliz adiós de El Cid a los ruedos españoles en Zaragoza

Andrés Amorós

En el día grande de la fiesta –del Pilar, de España y de la Hispanidad–, El Cid se despide triunfalmente de los ruedos españoles: sale a hombros, corta las orejas a un toro muy bravo de García Jiménez, «Derribado», de 578 kilos, al que se da justamente la vuelta al ruedo. Toda la corrida tiene casta y movilidad. También El Fandi corta un trofeo.

A Manuel Jesús lo reciben con una ovación, después del emocionante Himno Nacional. En el primero, no «Esaborido» sino noble, destacan, como tantas veces, los largos naturales clásicos pero el toro se lastima en la mano y ha de cortar la faena. Brinda el cuarto a toda su cuadrilla y equipo. El toro acude de lejos, repite. Manuel hace el esfuerzo, la faena tiene riesgo y emoción. Mata con habilidad: dos orejas (el primero que lo logra, en la Feria) y vuelta al ruedo al toro.

Dejan sin picar al segundo. El Fandi lancea vistoso; pone banderillas fáciles, espectaculares. Brinda a El Cid. En la primera serie, metido en tablas (¿por qué?), recibe un pitonazo en la rodilla. El trasteo, acelerado, suscita cierta división. Entrando de muy lejos –un vicio actual– pincha, antes de la estocada. En el quinto, quita por zapopinas; se luce en los pares de la moviola y del violín. Liga dos tandas de rodillas a un toro que hace «el avión»; cuando se para, la faena decae. Se vuelca, al matar: oreja.

Recibe al tercero López Simón haciendo el poste (así, se manda poco) y remata mirando al tendido, la feísima moda actual. También brinda a El Cid. Comienza de rodillas, por alto, sin sujetarlo. Los muletazos son eléctricos, acelerados; como el toro va a su aire, sufre un golpe. Entrando de lejos, a paso de banderillas, mata a la tercera. En el último, muy suelto, mal lidiado, pone un gran par Arruga (indiscutible triunfador de la Feria). Brinda López Simón, por el micrófono, al herido Javier Cortés. Logra sujetarlo pero el toro se raja, la faena no remonta. Mata a la tercera.

El Fandi, otros toreros y la «Juventud Taurina» sacan en hombros a El Cid, feliz, triunfador. No es fácil imaginar una mejor despedida. Me pasa un vecino una nota. «Es una nueva letra de jota», me cuenta: «La Virgen del Pilar dice / que El Cid es torero honrado: / se ha ganado la ovación / de cualquier aficionado». Yo lo suscribo y le deseo lo mejor.

Lee más: abc.es


Comparte con sus amigos!