Este músico está muy vivo | Babelia

Pascal Comelade está vivo. Esa es la conclusión final que se extrae de Constelación Comelade, el documental sobre el músico francés que se estrena el 23 de mayo. Vivo en todos los sentidos, incluido el creativo. Comelade, que el 30 de junio cumplirá 65 años, podría perfectamente vivir del medio centenar de discos que lleva publicados desde 1975, pero si algo queda claro en los 52 minutos de metraje es que sigue empeñado en mirar hacia delante y no siente necesidad de rememorar el pasado. Comelade es de todo menos un nostálgico.

En su opinión, tampoco es un esteta: “Yo no quiero hacer nada bonito. Pero al final se transforma en bonito”, afirma en el documental. Quizás por esa voluntad interior de que todo esté un poco roto se le encasilla como músico experimental haga lo que haga, y hace décadas que se ha centrado en las melodías. Él se ve como un músico popular que utiliza elementos no habituales: desde los pianos de juguete, que son su marca más reconocible, hasta los cientos de artilugios (de trompetillas de feria a muñecos de plástico, globos o campanillas) utilizados por su fiel saxofonista y clarinetista, Pep Pascual.

Constelación Comelade le acompaña en el proceso de creación de su último álbum, Deviationist muzak, un momento excepcional en su carrera porque acostumbraba a tardar una semana en grabar un disco, a veces lo hacía en solo dos días, y este en particular le ha llevado tres años. Editado en octubre de 2019, debería haber significado el final de una etapa, cuyo punto culminante llegó semanas antes, el 22 de septiembre de 2019 en Barcelona. Esa noche se celebró un concierto que se anunció como su despedida de los escenarios. Participaron muchos de sus colaboradores a lo largo de los años. La Cobla Sant Jordi, Albert Pla, Jaume Sisa, el poeta Enric Casasses, Pau Riba, el recientemente fallecido Víctor Nubla o Gerad Quintana, de Sopa de Cabra. “Pero, como dice Pep Pascual en el documental, ‘todo en Pascal es contradictorio’. Ahora asegura que no se ha retirado de los escenarios, solo de las producciones grandes”, cuenta Luis Ortas, el director del documental. Este mallorquín, de 48 años, seguidor de Comelade desde los 13, consiguió financiación de la Eurorregión Pirineos Mediterráneo, lo que él denomina “el territorio de Pascal”, para un documental que se exhibirá en las televisiones públicas de Cataluña, Occitania y Baleares. “Es un área que no parecía real, sino una creación artificial, pero que con Pascal cobra sentido”, explica el realizador.

Comelade nació en Montpellier en una familia catalana. Su padre, psiquiatra, dirigía l’Associació dels Estudiants Catalans de Montpellier, y fue responsable de que en esa ciudad tocaran representantes de la nova cançó como Lluís Llach u Ovidi Montllor. Su madre es autora de varios libros sobre cocina medieval catalana. Con 20 años se muda a Barcelona, donde se instala en la casa de Llach. En esa ciudad ha pasado, con intervalos, media vida. Entre 1975 y 1982 se embarca en una etapa experimental, obsesionado por los sintetizadores y las guitarras punzantes. Después llegaría un profundo cambio, la melodía: “El origen del mal es la melodía”, bromea. En 1983 empieza a fabricar miniaturas casi siempre instrumentales, canciones juguetonas que por su aparente sencillez y delicadeza hubo quien definió como minimalistas, pero que observadas de cerca se hacían enormes. Un proceso que culminaría con L’argot du bruit, su disco de 1998, que incluye la bellísima ‘Love Too Soon’, una colaboración con PJ Harvey. Dos años después interpretaría ‘September Song’, de Kurt Weill, con Robert Wyatt. En los 2000, su sonido fue derivando hacia algo más festivo, más cabaretero, una suerte de verbena posmoderna siempre sellada por su fuerte personalidad.

“Pascal tiene una relación obsesiva con su trabajo”, asegura Ortas, que antes dirigió otro proyecto sobre Miquel Barceló. Fue el pintor mallorquín quien les puso en contacto. “Nuestro primer encuentro fue tenso. Yo le comenté que su música me recordaba a Yann Tiersen, y fue como si hubiese mencionado al demonio. Después descubrí que Jean-Pierre Jeunet había escrito Amélie escuchando música de Pascal. Estaba pensado que él hiciera la música, pero no se entendieron y se la terminó encargando a Tiersen”.

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Hombre de pocas palabras, con un particular sentido del humor y poca paciencia para tratar con la industria y la prensa —en el último minuto se negó a responder a una entrevista porque no le gustaron algunas de las preguntas—, el especial carácter de Comelade es algo en lo que inciden los participantes en el documental, desde Barceló hasta Jaume Sisa, que resume en una frase la conclusión a la que llega la película: “La creación sin locura no es creación. Es pensamiento, lógica, filosofía. La creación requiere romper moldes. Y, en ese sentido, Pascal es un artista auténtico. Busca, explora, se confunde, le sale mal, le sale bien, vuelve sobre sus pasos, avanza… Está vivo”.

CINCO HITOS DISCOGRÁFICOS, POR EL DIRECTOR DEL FILME

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