¿Estamos malvendiendo la vacuna? Un repaso de sus límites y (sobre todo) sus virtudes | España

Buenos días. Hoy os escribo de vacunas. De sus limitaciones, pero también de sus bondades: quizás son mejores de lo que crees.

¿Estamos despreciando la vacuna? Es lo que argumentaba David Leonhardt esta semana en The New York Times. Cree que medios y expertos han puesto demasiado énfasis en sus limitaciones: «No es 100% efectiva»; «la gente vacunada todavía puede ser contagiosa»; «después de vacunarte todo seguirá igual». Son advertencias razonables y con buenas intenciones, pero le parece que tanto énfasis ha eclipsado el éxito que suponen las vacunas.

Su columna ha provocado una discusión previsible (los expertos a los que Leonhardt criticaba, ahora le critican a él). Pero creo que subyace un debate genuino: ¿Dónde está el equilibrio virtuoso entre celebrar las vacunas y señalar sus limitaciones? Hoy voy a intentar ese malabarismo.

Empiezo con los motivos de celebración.

🟩  1. Las vacunas se han desarrollado rapidísimo. Como conté antes de Navidad, casi nadie esperaba tenerlas tan deprisa.

🟩  2. Las vacunas son muy eficaces. Las de Moderna y Pfizer tienen una efectividad del 95% a la hora de evitar que las personas enfermen de covid. Y parece que son igual de efectivas con los casos graves: durante los ensayos hubo 34 enfermos severos y solo uno estaba entre los vacunados.

🟩  3. Vacunarnos salvará vidas. Es el mensaje principal. Lo era para Leonhardt, que quería enfatizarlo, pero también para los críticos de su artículo, como la viróloga Angela Rasmussen: “No os equivoquéis: estas vacunas son fantásticas”.

La prioridad ahora es que avance la vacunación. España ha administrado dosis equivalentes al 2,4% de la gente —asumiendo una por persona—, lo que nos coloca como uno de los países europeos más rápidos, según datos de la publicación científica OWID. La referencia es Israel, donde las dosis alcanzan al 38% de población. Es el país que todo el mundo está mirando. Allí acaban de doblegar una tercera ola muy fuerte y, aunque es cierto que hace semanas que impusieron medidas duras, parece probable que la vacuna también esté contribuyendo.

Pero estas buenas noticias no resuelven todas las incógnitas. Todavía hay preguntas sobre las vacunas y cautelas sobre el virus y sus mutaciones.

🟧  Es probable que la vacuna también frene la transmisión, aunque todavía no tenemos certeza.

La eficacia de la vacuna puede tener diferentes grados. Hay eficacia contra la infección (no te infectas), contra la transmisión (quizás te infectas, pero no contagias) y contra la enfermedad (quizás te infectas, quizás contagias, pero no tienes síntomas). Los ensayos solo han demostrado esto último, de momento, pero es probable que las vacunas ofrezcan más protección.

Lo más importante era averiguar si estar vacunado reduce la probabilidad de que contagies. Y en ese frente hay buenas noticias. Dos estudios preliminares en Israel indican que la gente vacunada se infecta menos. También hay datos positivos de Moderna: al observar pacientes entre la primera y la segunda dosis, encontraron que en el grupo placebo había 38 infectados asintomáticos y contagiosos, pero solo solo 14 en el grupo de vacunados. Ese resultado «sugiere un grado de protección de la infección y, por extensión, un descenso de la transmisión” (I).

🟥  Pero todavía no estamos vacunados y el virus seguirá transmitiéndose si le dejamos.

Es la principal advertencia. En España estamos inmersos en una tercera ola tremenda, que habrá que frenar con las recetas conocidas: mascarillas, distancia, ventilación, aislamiento. Estamos en una carrera contra el tiempo, que además se ha vuelto más difícil por culpa de nuevas cepas más transmisibles, como las descubiertas en el Reino Unido, Sudáfrica y Brasil.

El virus muta continuamente, pero ahora es más fácil que emerjan mutantes peores:

🟥  Hay temor a cepas capaces de escapar de la vacuna, aunque no parece ser el caso de las que están circulando.

No lo hace la variante descubierta en el Reino Unido, según este estudio. Ni tampoco las de Sudáfrica y Brasil, aunque preocupan más: “Probablemente tienen algún efecto sobre la inmunidad, pero no esperamos que ninguna de estas variantes, tampoco la británica, afecte a las actuales vacunas. La inmunidad que conseguimos con las vacunas es muchísimo mayor que la inmunidad natural tras una infección”, le decía Iñaki Comas, del Instituto de Biomedicina de Valencia (CSIC), a Manuel Ansede.

¿La mala noticia? Que las cepas capaces de escapar a la vacuna sí podrían aparecer en el futuro. El virus puede acumular mutaciones que lo cambien hasta ese punto.

Los expertos coinciden en que eso puede ocurrir, aunque no se sabe cuándo (I, II, III). Philip Krause, que preside el grupo de vacunas de la OMS, se mostraba preocupado hablando con Science: “La rápida evolución de estas variantes sugiere que es posible que el virus evolucione hasta un genotipo resistente a la vacuna; eso puede ocurrir antes de lo que nos gustaría”. El autor artículo, Kai Kupferschmidt, resumía el sentir general con un «más o menos pronto».

🟧  La última buena noticia es que las vacunas se pueden actualizar contra cepas que encontrasen formas de escapar a la vacuna.

No estaríamos en una pandemia perpetua, como ha explicado el biólogo Dylan Morris, por dos motivos: porque actualizar las vacunas es más rápido que desarrollarlas la primera vez —especialmente con las nuevas de ARN— y porque “la evasión inmune es casi siempre parcial».

Las vacunas no dejarían de funcionar de repente, sino que irían reduciendo su eficacia hasta el punto de tener que actualizarlas (como ocurre con la vacuna de la gripe). Habría tiempo de reaccionar.

Trevor Bedford, del Centro de Investigación Fred Hutchinson, resumía la situación con una frase que es un buen ejemplo del equilibrio del que hablé al principio: “Tenemos una vacuna asombrosa ahora que funciona contra los virus que circulan actualmente. Y si acaba por ser necesario, [una variante del virus que escape a ella] podrá ser enfrentada con una actualización de la vacuna”.

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2. Un gráfico random

La imagen representa la temperatura global en la Tierra desde 1820 hasta el año pasado. Cada banda es un año, que se pinta de azul si es frío y de rojo si es caliente. En Datawrapper lo tienen interactivo.

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