¿Estamos listos para la ‘economía plateada’? | Planeta Futuro

Hace unos días le pedimos a una de las sobrinas de Ana, de 12 años, que dibujara a su abuela. Para nuestra sorpresa, en vez de dibujar a la típica abuelita de los cuentos con pelo blanco y anteojos, la niña la dibujó frente a su tableta electrónica. De no ser porque en el detalle de su dibujo había algunas arrugas, difícilmente hubiera podido decirse que era una abuela. Pero, razonándolo mejor, su abuela con 72 años dirige una organización de la sociedad civil, hace ejercicio varias veces a la semana y, exceptuando las limitaciones actuales por la covid-19, tiene una vida socialmente activa.

Esta abuela es un ejemplo más de muchos de nuestros mayores de hoy, que gozan de una longevidad más productiva. A diferencia de lo que sucedía hace unas décadas, los adultos mayores tienen actualmente más posibilidades de seguir trabajando, estudiando y consumiendo; se encuentran en mejores condiciones físicas y tienen más energía, tanto para disfrutar de la vida como para seguir contribuyendo a la sociedad con sus actividades laborales.

América Latina sigue siendo una región relativamente joven en donde las personas de más de 60 años son, en promedio, el 13% de la población, frente a Europa (26%) o Norteamérica (23%). Sin embargo, vale la pena mencionar que, en algunos países, como Uruguay, el porcentaje de población mayor de 60 años es ya del 19%.

¿Qué implicaciones tiene esto?

Los cambios demográficos producidos por el envejecimiento de la población han provocado el surgimiento silencioso de una nueva economía: la plateada. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) la define como el conjunto de las oportunidades derivadas del impacto económico y social de las actividades realizadas y demandadas por la población mayor de 55 años.

Sus necesidades y preferencias influyen en la oferta de casi todos los sectores incluyendo, por ejemplo, la salud, las finanzas, la vivienda, el transporte, el mercado laboral, la educación, el entretenimiento, el turismo y los cuidados. Hablamos de un amplio abanico de productos y servicios destinados al consumo de los adultos mayores que pueden jugar un papel de locomotora económica.

Se estima que, entre 2015 y 2030, el 60% del aumento del consumo en las ciudades del Noreste de Asia y de Europa Occidental provendrá de los adultos mayores de 60 años. En América Latina y el Caribe ese porcentaje será del 30%, y algunas estimaciones dicen que irá en aumento. Vale la pena destacar que las proyecciones demográficas son de las más precisas que existen en el mundo y que ese cambio tendrá muy poco margen de error.

Esta nueva realidad implicará una transformación radical porque permitirá que millones de personas de esa edad sigan trabajando, ahorrando, creando y consumiendo; hará posible que nazcan algunas industrias para servirles, y surgirán nuevos emprendedores, que encontrarán oportunidades donde nadie pensó que podría haberlas. La relativa juventud de América Latina nos da la ventaja de poder analizar lo que ya se ha hecho en otras regiones del mundo que se encuentran en estadios más avanzados de envejecimiento y aprender de sus acciones. Estos casos nos servirán de guía tanto para establecer y ajustar políticas públicas, como para introducir las mejores soluciones del sector privado.

¿El envejecimiento es una carga o una oportunidad?

El envejecimiento se entiende a menudo como una carga adicional para la sociedad y, especialmente, para el sector público: implica el triple desafío de dar respuesta a la demanda creciente de beneficios de pensiones, servicios de salud y servicios de atención a la dependencia. Incluso la covid-19 ha demostrado, una vez más, la vulnerabilidad física y social de los adultos mayores.

Con todo, en América Latina y el Caribe (ALC) trae consigo infinitas oportunidades al promover un ecosistema emprendedor en torno a la economía plateada. Es algo que aumentará la oferta de servicios y productos dirigidos a esta población, contribuyendo a su mayor bienestar, y favoreciendo el surgimiento de emprendimientos con potencial de escalamiento a nivel local y regional.

En BID Lab, el laboratorio de innovación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), creemos que involucrar al sector emprendedor con la innovación, tecnología y escala adecuadas permite generar un círculo virtuoso de creación de valor económico para los adultos mayores que, a su vez, tenga impacto social. Para ello, es necesario que en ALC se genere conocimiento específico sobre el mercado de la economía plateada entre los innovadores, y mejorar su conexión. A pesar de su gran número y peso económico, este mercado aún resulta un nicho poco conocido en nuestra región.

En este proceso es fundamental trabajar tratando de vencer la barrera del edadismo o discriminación por razón de edad, que presenta a las personas mayores como desprovistas de valor para la sociedad por “improductivas, frágiles e incapaces”. Si bien es cierto que las personas mayores van perdiendo capacidades y, como consumidores, reducen sus compras, a los 65 años la mayoría cuenta hoy en día con un estado de salud bueno, lo que unido a que están libres de cargas económicas, los convierte en clientes atractivos. A nadie se le debería escapar que, según las tendencias sociodemográficas, representan un mercado de un tamaño muy considerable.

El edadismo impide desarrollar respuestas adecuadas al envejecimiento de la población, ya que sesga nuestra visión del envejecimiento y de la edad adulta, y limita el tipo de respuestas que podemos ofrecer para responder a sus necesidades. El enfoque adecuado sería, en su lugar, aprovechar la sabiduría, experiencia y mejores condiciones físicas y económicas de los adultos mayores de hoy en día.

Sabemos que el futuro es humano, digital y plateado, y la economía plateada será clave para la innovación, la creación de nuevos empleos y el crecimiento económico. Así que no debemos esperar mucho más para crear ecosistemas adecuados y promover en nuestras sociedades una forma positiva de ver a las personas mayores.

Por su dibujo, la sobrina de Ana ya sabe que este es el camino. En cambio, ¿estamos listos nosotros para este futuro plateado?

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