Esperando la lluvia en El Hierro

La tierra reseca, la oveja pugna por sacar verde del esparto que le ofrece el suelo. Una niebla que parece un lápiz seco cruza la hierba aireada por la mañana, el pastor ordena el rebaño con un grito imperioso que se parece al balido de un hombre entrañado con este paisaje de silencio que es la cumbre en El Hierro. Más abajo, en las estribaciones de las huertas, este otro hombre, un agricultor que habla con su burra con la ternura de un poeta viejo, contempla los surcos de los que espera papas para enero. “Y la jodida lluvia que no viene a mares”. El horizonte reclama la noche. Una niebla potente se acerca a la huerta. “La cabrona nube que no mea. Lleva 30 años que no mea la jodida”.

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