¡Españoles, a las cosas!

Muchos son los daños colaterales de la covid-19, entre los que destacan la depresión y el miedo de la sociedad, incitados a mansalva por televisiones públicas y privadas; amenazas de la autoridad; decisiones de dudoso fundamento jurídico que limitan y retuercen los derechos de las personas, y contradicciones constantes entre los responsables políticos. La paralización de la Administración durante meses sigue pasando factura a los más débiles, que encuentran ventanillas cerradas, funcionarios desbordados, promesas incumplidas, teléfonos sin respuesta y oscuridad ante su futuro. Esta semana comienza una verdadera prueba de fuego con la vuelta a la escuela y el comienzo de curso, abandonadas como han sido las comunidades autónomas a su suerte por el Gobierno central, y cuando frente a la escasez de medios se hace público casi un ultimátum de la fiscalía a los padres que fomenten el absentismo, temerosos de que sus hijos se contagien. No todo se ha hecho bien, desde luego. No salimos más fuertes como siguen proclamando los carteles oficiales. No existe hoja alguna de ruta que infunda confianza, y es irritante la incapacidad de los representantes políticos para ponerse a trabajar en las cuestiones que interesan a la población, abandonando reyertas de poder, fanfarronadas y escenificaciones de su ego.

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