Ese poema no es de Neruda: hablamos con los autores de apócrifos clásicos de internet

Queda prohibido llorar sin aprender,
levantarme un día sin saber qué hacer,
tener miedo a mis recuerdos,
sentirme solo alguna vez.

Es probable que te suenen estos cuatro versos y que el poema completo te haya llegado al correo en alguna ocasión. O incluso puede que lo hayas visto en Facebook, acompañado de decenas de “me gusta”. O recitado en algún vídeo de YouTube. La mayoría de las veces, con la firma de Pablo Neruda.

Pero Queda prohibido no es obra del chileno, premio Nobel en 1971. Su autor es Alfredo Cuervo Barrero, de Portugalete (Vizcaya) y nacido en 1980. Publicó el poema el 23 de julio de 2001, como cuenta a Verne por teléfono, en Deusto.com. Entonces, esa web era un foro en el que jóvenes escritores podían publicar sus textos y recibir consejos de otros usuarios. Por ejemplo, gracias a la recomendación de uno de estos lectores añadió las tres primeras estrofas, que sirven de introducción a su poema.

Un par de años más tarde, añade, “empecé a recibir mensajes en los que me llamaban sinvergüenza” por haber plagiado nada menos que a Neruda. Así se enteró de que su poema estaba circulando por correo electrónico y en otras páginas con la firma del escritor chileno.

La historia de Cuervo Barrero no es un caso único. El poema de un ventrílocuo mexicano ha circulado con la firma de Gabriel García Márquez. Una sevillana de Los amigos de Ginés se comparte a menudo con la firma de Federico García Lorca. La Fundación Saramago lleva años negando que el novelista fuera el autor de un texto sobre qué es ser un hijo, con escaso éxito. El mismo escaso éxito que tiene la Fundación Mario Benedetti cuando niega que el uruguayo sea autor de la poesía No te rindas.

Como explicaba la agencia France Presse, incluso el expresidente uruguayo Tabaré Vázquez leyó este poema falsamente atribuido a Benedetti cuando dejó el cargo en manos de su sucesor Luis Lacalle Pou. La fundación que cuida del legado del poeta apuntaba que la confusión podía venir del hecho de que Benedetti firmó un poema con un título algo parecido, No te salves. No sabemos quién es el autor de No te rindas: hemos buscado mucho, pero, sinceramente, nos hemos acabado rindiendo.

El desmentido imposible

Cuervo Barrero intentó frenar la falsa atribución de su poema. Llegó a dedicar “dos o tres horas diarias” a rastrear y escribir a las webs que compartían el poema sin atribuirle la autoría, pero lo acabó dejando “por imposible”. “No sé si es muy apropiado decirlo ahora mismo, pero corría como un virus sin vacuna”. Aún queda rastro en Google de sus esfuerzos por enmendar el error, incluyendo, ya en 2011, un comentario en el blog de Iñaki Anasagasti, diputado del PNV.

Cuervo Barrero ya solo interviene cuando ve su texto publicado en un libro. Y es que, si buscamos en Google Books, podemos ver que el poema ha llegado a un buen puñado de ensayos que lo citan como si fuera obra del escritor chileno. Su autor original explica que ha ganado juicios contra editoriales (Planeta, por ejemplo) para evitar que su poema aparezca publicado en nuevas ediciones de estos libros. En uno de estos juicios le han acusado, añade, de haber urdido él toda la trama y haber difundido desde el principio su poema con firma falsa para darse a conocer.

El periodista David Jiménez también vio arrebatada la autoría de uno de sus textos y también intentó al principio luchar contra esta falsa atribución. En 2012 publicó en su blog personal «El triunfo de los mediocres», un artículo en el que opinaba que para triunfar en España había que ser eso, un mediocre. Jiménez cuenta a Verne por correo electrónico que «el primer día fue leído por 120.000 personas, la gente me enviaba fotografías con el texto colgado en su oficina, se hicieron canciones con la letra y se colgaron vídeos en YouTube…”. Entonces Jiménez era corresponsal en Asia para El Mundo, periódico que dirigió en 2015 y 2016.

Unos meses después y a pesar de esta repercusión, su texto ya se compartía atribuido a Forges. “En un principio lo reivindiqué como mío -explica Jiménez-, pero con el tiempo decidí tomármelo con humor forgiano y aceptar que al menos no tenía que compartir su autoría con Belén Esteban”. Jiménez también se encontró con lectores que creían que era él quien se había apropiado del texto: “Hubo gente que me escribió indignada acusándome de plagio”.

Su propio artículo le llega “todos los años varias veces por WhatsApp, email o Facebook”. Por ejemplo, volvió a circular cuando falleció Forges, en 2018, y todavía se puede encontrar en páginas y foros, atribuido al viñetista. Jiménez también lo ha visto con firma de Juan José Millas, Mario Vargas Llosa y un anónimo “pero brillante” profesor de universidad. A menudo viene acompañado de una introducción como “el artículo de Forges que no debes perderte». “A veces no me resisto y respondo: Muy bueno, yo no lo habría escrito mejor«.

Y, como también le ocurrió a Cuervo Barrero, había quien no solo se contentaba con cambiar la firma, sino que introducía modificaciones en el artículo original. “Me molesta más que cambien partes del texto», asegura. «Supongo que es una confirmación de que lo que dice el texto sobre nuestra mediocridad: ni copiar sabemos”.

Historia de los textos apócrifos

Susana Gil-Albarellos, profesora de Teoría de la Literatura en la Universidad de Valladolid, explica que atribuir obras a otros autores es algo que siempre ha pasado, antes incluso de internet, y “siempre en paralelo a la literatura oficial”. Gil-Albarellos explica que en la Edad Media el prestigio de los monasterios dependía de su biblioteca, así que era habitual que, cuando llegaba un texto, se copiara, tradujera o adaptara, añadiendo al final la firma del abad.

Otro momento en el que se cambiaron muchas firmas fue el del teatro del Siglo de Oro. Era habitual, cuenta Gil-Albarellos, que un empresario teatral comprara una obra y asegurara que era de Calderón de la Barca o de Lope de Vega para vender más entradas. «Lope de Vega tiene atribuidas casi mil títulos, pero con seguridad no podemos decir que sean suyos más de 300”. La profesora cita al propio Calderón, que en 1677 se quejaba en el prólogo a una edición de sus autos sacramentales de la publicación de textos que “sin ser míos andan con mi nombre”.

A partir de los siglos XVIII y XIX se consolida la idea moderna del autor y sus derechos, pero eso no acabó, ni mucho menos, con los apócrifos. Por ejemplo, en 1999 se publicó un nuevo texto de Bécquer, Unida a la muerte, que en la década de 1930 ya se había editado con la firma del poeta y que se consideraba otra de sus Leyendas. Sin embargo, en 2007 se confirmó que en realidad se trataba de la traducción de un poema narrativo de Byron.

Además de para vender entradas o ejemplares de libros, a menudo se cambiaba la firma por motivos políticos, sin permiso de sus autores originales. Como ocurre ahora: una crítica al procés se compartirá más si viene firmada por alguien conocido, como la cineasta Isabel Coixet, y una queja sobre la sociedad en la que vivimos quizás llegue más lejos si la firma Arturo Pérez-Reverte. O Forges.

Una experiencia positiva

A pesar de todos los quebraderos de cabeza, Cuervo Barrero recuerda el poema con cariño. Ya no escribe y ve esa época como algo lejano. “La vida te va llevando por otro camino”, explica. Ahora vive en Castro-Urdiales con su familia y trabaja en el departamento de personal de una empresa. Su texto acabó, junto con otras poesías y textos, en un libro autoeditado, Centro y contorno.

Pone un ejemplo de las cosas buenas que le trajo su Queda prohibido: hace unas semanas le escribió una lectora desde México para preguntarle qué tal estaba. No era una amiga ni nada parecido, solo una persona que había llegado a su poema hacía un par de años y que, con todo lo que estaba ocurriendo con el coronavirus en España, se había acordado de él. “Esas cosas te llegan al alma”.

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