Es hora de plantar cara a los fascistas que nos rodean

Entonces, ¿ya se puede decir fascista? No debería usarse este calificativo a la ligera. No es un término amplio para definir a “la gente con la que no se está de acuerdo”. Ni siquiera es sinónimo de “malos actores políticos”. El tipo de política de Mitch McConnell, en mi opinión, ha perjudicado gravemente a Estados Unidos; pero las maniobras legislativas cínicas no son lo mismo que amenazar y fomentar la violencia, y yo no llamaría fascista a McConnell. Sin embargo, Donald Trump es de hecho un fascista, un autoritario dispuesto a usar la violencia para alcanzar sus objetivos nacionalistas y racistas. Y también lo son muchos de sus seguidores. Si a alguien le quedaban dudas al respecto, el asalto del miércoles al Congreso debería haberlas disipado.

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