¿Es ético no vacunarse?

“Al nacer, nos otorgan una doble ciudadanía, la del reino de los sanos y la del reino de los enfermos. Y aunque preferimos usar el pasaporte bueno, tarde o temprano cada uno de nosotros se ve obligado a identificarse, al menos por un tiempo, como ciudadano de aquel otro lugar”, escribió Susan Sontag en La enfermedad y sus metáforas. Por culpa del nuevo coronavirus, se ha creado un tercer reino: el de los vacunados. Es el territorio al que debemos escapar, huyendo de la pandemia. Pero el acceso a ese pasaporte es lento, complejo y genera muchas desigualdades. Algunos quieren saltarse la cola, unos pocos no quieren ni hacerla. Y se añade un problema fundamental: ese reino no será real hasta que la gran mayoría adquiera su nacionalidad. Necesitamos que todos estén allí —la inmunidad de grupo— para que su suelo nos acoja. Pero los dilemas éticos que surgen en esta peregrinación hacia la tierra prometida son innumerables y ni siquiera la ciencia proporciona una solución clara o evidente.

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